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jueves, 30 de noviembre de 2017

Sofía De La Fuente – La idea de propiedad: una refutación al liberalismo de Locke desde el anarquismo de Proudhon.

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Resulta común en nuestros días escuchar toda clase de opiniones con respecto al anarquismo. La mayoría de éstas suelen transitar por el malaventurado camino de la desinformación: por un lado encontramos una masa importante de gente despotricando contra el anarquismo, basada en lo que la televisión y la prensa tradicional se han encargado de propalar para proteger la estabilidad del sistema neoliberal; y por otro lado hallamos un grupo considerable de personas que en nombre del anarquismo hace uso de la violencia y el atropello colectivo, sustentando la imagen expuesta por los medios, y creando así un círculo interminable y absurdo, donde finalmente ni los primeros ni los segundos tienen idea de lo que originalmente conforma el ideario anarquista. El estigma social producto de estos errores ha de ser erradicado en primer lugar mediante la información, y en segundo lugar, por supuesto, mediante el ejemplo, llevando un estilo de vida basado -en la mayor medida de lo posible- en la autogestión e independencia del sistema, optando por economías más solidarias y sustentables. Este trabajo se propone ser un aporte a la primera de estas labores, haciendo un análisis comparativo entre la teoría de la propiedad según John Locke, considerado gestor del liberalismo, y lo que podríamos llamar su antagonista: Pierre Joseph Proudhon, el anarquista que afirmó con lucidez que la propiedad es robo.


El primero que usó el término “anarquista” para autodefinirse, fue P.J. Proudhon. En palabras de Ángel Capelleti, él fue “el que le dio un contenido (al anarquismo); más aún, el primero que elaboró una filosofía social y política y una interpretación de la cultura y de la historia que con propiedad puede denominarse “anarquismo”, aunque más tarde prefiriera sustituir este término negativo por otros de significado positivo (mutualismo, democracia industrial, etc)(1). Proveniente de una familia de campesinos y artesanos, es uno de los pocos, si no el único, de los grandes ideólogos ligados al socialismo, que podemos llamar de origen obrero, y cabe destacar que este brillante francés aprendió de manera casi absolutamente autodidacta, tanto de filosofía, como de economía y política. Proudhon se hizo ampliamente conocido tras la publicación de su tercera obra ¿Qué es la propiedad?, aparecida en 1840. En ella, el autor comienza con la polémica afirmación de que la propiedad es robo, y declara su intención de subsanar el error universal, a saber, el de creer que la propiedad privada es un derecho absoluto, puesta al lado de la libertad, la igualdad y la seguridad. Para esto es necesario alterar las costumbres, reformar los fundamentos de nuestra sociedad, y esto se logrará mediante la educación: el hombre ha nacido ignorante, por tanto requiere instrucción progresiva hacia el correcto uso de la razón. Tan tajante es al proponer esta reformulación de principios, que critica hasta la Revolución Francesa, la “gloriosa revolución francesa”, arguyendo que con ella no se ha logrado revolución propiamente tal. De monarquía a democracia hay progreso, dirá, pero no revolución, pues no se realiza el paso fundamental que para ello sería preciso: el de la soberanía de la voluntad hacia la soberanía de la razón. En un Estado monárquico, la soberanía reside en la voluntad del rey; en el Estado democrático de una república, la soberanía reside en la voluntad del pueblo. Pero para que un Estado sea verdaderamente justo, igualitario, y garante de los derechos y la dignidad de sus ciudadanos, lo que debe reinar es la razón, no la voluntad. Y la justa razón, cuando no se halla obstaculizada por las pasiones e intereses personales, llevará necesariamente a la conclusión de que la propiedad privada constituye una usurpación del derecho primordial a la vida. Proudhon se dedica en ¿Qué es la propiedad? a refutar las teorías que hasta el momento habían querido justificarla, como por ejemplo la ocupación, el consentimiento universal, o el trabajo. Este último, el trabajo, constituye probablemente el argumento de mayor fuerza con que se había intentado fundamentar el derecho de propiedad, como sucede en el caso de Locke. Para Proudhon sucede justamente lo contrario: la necesidad del trabajo para subsistir será precisamente aquello por lo cual la tierra no puede jamás ser apropiada. Es simple: para poder vivir se necesitan ciertas cosas, las más básicas de ellas: el alimento, el agua, el aire, la luz del sol. Si alguien se apropia de ellas, negando al resto de los hombres el acceso a las mismas, por tanto es claro que estos hombres no podrán vivir. Si para vivir necesito alimento, y para producir mi alimento necesito un pedazo de tierra donde cultivarlo, es evidente que si no existe un pedazo de tierra del que yo pueda hacer uso, entonces no podré vivir. Del mismo modo, si alguien se apropia del río donde yo he de pescar para alimentarme, quedaré desprovisto de sustento. Dice Proudhon:
“Reconocer el derecho de propiedad territorial es renunciar al trabajo, puesto que es abdicar al medio para realizarle, es transigir sobre un derecho natural y despojarse de la cualidad de hombre”(2).



El trabajo como justificación de la Propiedad según Locke.


John Locke fue un filósofo inglés, considerado padre del empirismo y del liberalismo moderno. En 1690 publicó el Segundo Tratado sobre el gobierno civil, donde quedan sentadas las bases de lo que sería el núcleo del pensamiento liberal posterior. En el capítulo 5 de dicha obra, Locke intenta dar una explicación del origen del derecho a la propiedad. Según Locke, en estado de naturaleza, todo es dado a los hombres de manera común: la tierra y todos sus recursos son de propiedad comunal de la humanidad. Ahora bien, la ley natural de la razón hace forzoso que cada hombre busque su preservación, y para ello ha de tomar como propia parte de los bienes que pertenecen a todos. Para apropiarse de estos bienes, el hombre ha de hacer uso de lo primero que le es propio: su persona y su trabajo. Ha de trabajar sobre estos bienes que se encuentran en estado de naturaleza, pues para que un pedazo de tierra produzca trigo, hay que labrarla, sembrarla y cosecharla; para alimentarse de un animal hay que cazarlo; incluso para alimentarse de bellotas, hay que darse el trabajo de recogerlas del árbol. Una vez que el hombre ha puesto su trabajo sobre la naturaleza, aquello sobre lo que ha trabajado es modificado, y contiene por tanto un valor agregado al que tenía originalmente. Tanto así, que el valor de las cosas estaría dado por el trabajo que sobre ellas ha sido realizado, siendo, por ejemplo, un pedazo de tierra sin labrar ni cultivar, un bien de escaso valor. Este trabajo realizado por el hombre sobre la naturaleza, sería el fundamento del derecho de propiedad: “Toda porción de tierra que un hombre labre, plante, mejore, cultive y haga que produzca frutos para su uso, será propiedad suya”(3). Pero esta apropiación por medio del trabajo no es, según Locke, -o no lo era en las primeras sociedades- un derecho ilimitado, sino que cada hombre solo tendrá derecho a apropiarse de la porción de tierra que es capaz de abarcar con su trabajo, y a tener en posesión solo la cantidad de provisiones suficientes para que pueda utilizarlas antes de que éstas se echen a perder. Es decir que un hombre no puede acumular para sí y los suyos más productos de los que alcanza a consumir antes de que éstos se deterioren, en palabras de Locke:
“si los frutos de la tierra se corrompían, o si la carne de venado se echaba a perder antes de que él pudiera consumirla, ello constituía una ofensa contra la ley común de la naturaleza. Pues el hombre sólo tenía derecho a aquello que podía serle útil y beneficioso para su vida” (4).
De este modo, si alguien contase con algún excedente, habría tenido que regalarlo o intercambiarlo por otros bienes no perecederos, como semillas, por ejemplo.
Así habrían funcionado en un comienzo las primeras sociedades, sin perjuicio de nadie, pues el trozo de tierra que un hombre podría abarcar y que sería suficiente para la satisfacción de sus necesidades, jamás sería tan grande que dejara sin derecho a lo mismo a los demás. Mientras dejara lo que en inglés se dice “as much and as good” para los demás, había de ser este un derecho legítimo y justo.
Hasta este punto, la teoría lockeana de la propiedad parece bastante sensata, e incluso perfectamente conciliable con un pensamiento anarquista como el de Proudhon, si no al menos no contradictorio con este último. Sin embargo, después de plantear este estado originario de derecho común de los hombres, Locke introduce el uso del dinero. Por acuerdo común, los hombres habrían convenido en dar al dinero el mismo valor que determinados bienes, incluida la tierra. Y si inicialmente, y por ley de la naturaleza, el hombre no podía acumular cosas perecibles que se arruinaran antes de que pudiera hacer uso de ellas, posteriormente por la invención del dinero habría sido posible la acumulación de bienes no perecibles, como la tierra o el dinero mismo. Y como los distintos grados de laboriosidad permitían que los hombres adquiriesen posesiones en proporciones diferentes, el dinero les dio la oportunidad de conservar dichas posesiones y seguir aumentándolas. De este modo, quedaría justificada la desigualdad según Locke. Pero resulta curiosa la manera en que Locke presenta ambas ideas. En primer lugar, defiende como justa solo la apropiación de aquello que el hombre pueda abarcar con su trabajo, sin perjudicar a nadie con esta medida, y luego sucede que considera igualmente legítima la apropiación de los medios por intercambio de dinero. Pongámonos en la situación de que existe un hombre que ha tenido mejores condiciones para producir, sea por su estado físico, por las condiciones climáticas del espacio en que habita, por ser la tierra más fértil, etcétera, y al mismo tiempo, existe otro, que ha tenido malas condiciones una temporada, sea porque ha estado enfermo y no ha podido producir suficiente, o porque ha habido sequía, etcétera. El segundo hombre, existiendo el dinero para poner un valor a todo lo que existe, se verá obligado a vender lo único que le pertenece, su fuerza de trabajo, y trabajará, para poder comer hoy, la tierra en que mañana otro cosechará sus frutos y se hará dueño de ellos, por ser dueño de la tierra que decidió explotar. Y esos mismos frutos, el dueño de la tierra los venderá por dinero, y con ese dinero adquirirá más tierras y así ilimitadamente, hasta que toda la tierra sea poseída por unos cuantos, y otros muchos se vean forzados a vender su fuerza de trabajo a cambio de dinero para subsistir, a falta de tierra para trabajar en su propio beneficio. Tal como sucede en la sociedad capitalista. El planteamiento de Locke resulta claramente contradictorio, si en un comienzo habla en nombre de la justicia, y de la igualdad de derecho en que se hallan los hombres naturalmente para hacer uso de los recursos que han sido puestos por Dios a su disposición, es evidente que la posterior introducción del dinero, y su consecuente justificación de la acumulación de riquezas es imposible de ser considerada justa. De las premisas planteadas en un comienzo, es imposible obtener la conclusión que se plantea en un final. En el caso de Proudhon, en cambio, sucede todo lo contrario. Partiendo de premisas similares a las de Locke, la conclusión a la que llega Proudhon es totalmente opuesta, y parece ser la más razonable y válida.



Proudhon: El derecho al trabajo hace injustificable el derecho a la propiedad


Para Proudhon, como dijimos anteriormente, la cosa sucede justamente al revés. El ser humano tiene necesidad, y por lo tanto derecho, a trabajar, y por lo mismo debe garantizarse que toda la tierra y los medios para producir el sustento de la humanidad, permanezcan como propiedad común de la misma. En el capítulo 3 de ¿Qué es la propiedad? plantea


“¿Qué hay de común entre el trabajo impuesto por deber natural y la apropiación de las cosas comunes? ¿Ignoras que el dominio de la tierra, como el del aire y de la luz, no puede prescribir nunca?”(5).
Según Proudhon el trabajo por sí mismo no otorga ninguna facultad de apropiación sobre las cosas de la naturaleza: el trabajador puede hacer suyos los frutos de su cosecha pero no la tierra donde cultivó. Del mismo modo, habría que pensar en que el pescador no se hace dueño del río donde pescó por el hecho de estar obteniendo su sustento de allí, como tampoco el cazador se adjudica la propiedad de los montes o los campos donde ha ido a cazar. La propiedad del producto no supone la propiedad del medio para producirlo. Proudhon reconoce la diferencia entre la posesión y la propiedad: la posesión es legítima, en cuanto es necesario hacer posesión o uso de los medios que la naturaleza ofrece para vivir y para desarrollarse, pero es esta misma condición la que hace ilegítima la propiedad, en cuanto que una vez apropiados los medios, impiden el disfrute que de ellos tienen derecho a hacer todos los seres humanos. Además porque una vez aceptada la propiedad, se acepta la herencia, y entonces aquéllos que en un comienzo se apropiaron de las tierras, dejarán para su descendencia eternamente el beneficio de los recursos, y aquellos que quedaron desposeídos en el principio, serán condenados para el resto de la historia a vender su trabajo. Proudhon llega incluso más allá, diciendo que ni siquiera el fruto del trabajo del hombre debiera ser aceptado como propiedad individual del que lo produjo, sino que para la vida en sociedad, finalmente todos los productos del trabajo individual, deberán ser de propiedad colectiva, de modo que todos se beneficien de ellos. Por esta razón es que se le ha llamado mutualismo a esta propuesta de organización, pues se basa en la cooperación mutua de sus integrantes. En el caso de que unos individuos resultasen más productivos que otros, como es natural que suceda, estos tendrán más tiempo libre, para dedicarse a lo que quisieran, a recrearse, a cultivar su intelecto, a desarrollar las artes, o cualquier otra cosa que alimentase su espíritu, pero no para acumular más riqueza de la necesaria para vivir y desarrollarse en libertad. Proudhon define al hombre libre como aquel que está en el uso de su razón y de sus facultades, que no obra cegado por la pasión ni obligado o impedido por el miedo, ni arrastrado por el error. Solo bajo esa definición, es que concibe el justo comercio, como un intercambio de valores iguales, que existe solo entre hombres libres. Y en una sociedad donde los hombres desempeñarán distintas funciones según sus propios intereses y aptitudes, el intercambio será justo y propiciará la satisfacción de las distintas necesidades humanas: pues el hombre aislado no puede atender más que a una pequeña parte de sus necesidades, he ahí por qué ha de vivir en colaboración con otros, en condición de reciprocidad constante. Todo su poder reside en la sociedad y en la combinación inteligente del esfuerzo de cada uno.


A modo de conclusión, podemos observar que ambos autores otorgan considerable valor al trabajo, y a lo que en materia de propiedad se deriva de éste. Sin embargo, llegan a conclusiones totalmente diferentes. En el caso de Locke, el trabajo justifica la apropiación, y el dinero la acumulación ilimitada por sobre lo que el mismo Locke había definido como “límite de la propiedad, sentado por la ley de la naturaleza”. Desde su punto de vista, la sociedad acaba constituyéndose en un intercambio sumamente egoísta, donde por observancia de los propios intereses y la codiciosa carrera por acumular, terminan unos sometidos al poder de otros; unos, dominados por la ambición, provistos de excesiva riqueza, que no necesitan, otros, con apenas las necesidades básicas cubiertas, sin acceso a muchas de las cosas que hoy en día, y desde siempre, han debido ser consideradas como derechos que la vida en sociedad debía proveer, como por ejemplo, la educación. En el caso de Proudhon, en cambio, el trabajo que hace posible la vida, es el fundamento que debe garantizar la libertad de la tierra y en general de todos los medios de producción que la naturaleza ha puesto al alcance del hombre, sin que venga nadie a decir que tiene “derecho” sobre lo que pertenece a la humanidad entera. En Proudhon está planteada la posibilidad de una sociedad mutualista, donde todos trabajan para el beneficio de todos, y donde ninguno pretende poseer más en perjuicio del resto, ni vivir a costa del trabajo ajeno. Una perspectiva como ésta ha de remplazar los viejos paradigmas liberales, cuyas falencias y desventajas son evidentes hace tiempo.



Referencias.


1. Ángel Cappelletti, La ideología anarquista. Segunda parte, capítulo 4.
2. Proudhon, ¿Qué es la propiedad?, capítulo 3, 2.
3. John Locke, Segundo Tratado sobre el gobierno civil, capítulo 5, 32.
4. John Locke, Segundo Tratado sobre el gobierno civil, capítulo 5, 37.
5. Proudhon, ¿Qué es la propiedad?, capítulo 3, 1.

Pierre Joseph Proudhon (Vida y obra)

Pierre-Joseph Proudhon (1809-1865) Nacio el 15 de enero de 1809 en Besanzón, Doubs, Franco Condad, (Francia) y falleció el 19 de enero de 1865 en Yonne (Francia)



Fue un filósofo político y revolucionario francés, y, junto con Bakunin, Kropotkin y Malatesta uno de los padres del pensamiento anarquista y de su primera tendencia económica, el mutualismo.



Nació en Besanzón, en el seno de una familia de artesanos y campesinos. Su padre, Claude Proudhon, era tonelero y cervecero, y consideraba que la cerveza que fabricaba debía venderse por un valor que agregaba al precio de costo, tan solo el salario de su trabajo, ya que «hubiera creído robar si hubiese cobrado más al comprador».1 Esta conducta paterna influirá a Pierre-Joseph, en cuya obra se evidenciará esta búsqueda del justo precio como estricta remuneración del trabajo, considerando toda «ganancia» como «ingreso no ganado».2 Su madre era cocinera y sirvienta. Él mismo trabajó toda su vida manualmente: primero, como guardador de vacas y boyero hasta la edad de 12 años, y después como tonelero, junto a su padre; después, como mozo de labranza, luego, como tipógrafo.



Originario, como Charles Fourier, del Franco Condado, en el que, como dice G. Lefranc, «hasta la revolución de 1789, hubo siervos al servicio de las abadías, pero que desde la Edad Media iba orientándose hacia fórmulas cooperativas, mediante la constitución de fruterías», sus concepciones económicas y sociales tienen una primera y profunda raíz en las observaciones de su infancia sobre el trabajo, la propiedad, la venta, el valor.






[caption id="" align="alignleft" width="300"] Pierre-Joseph Proudhon y sus hijos por Gustave Courbet, 1865.[/caption]

Gracias a una beca en 1820 pudo ingresar a estudiar durante algún tiempo en el Colegio de Besançon, pero razones económicas le impidieron concluir allí su bachillerato.


A los 19 años ingresó a una importante imprenta de Besanzón, trabajando de corrector, mientras aprendía el arte de la tipografía. Como la casa editorial preparaba una edición de la Biblia, aprovechó la ocasión para aprender el idioma hebreo, nociones de teología y también iniciarse en filología comparada y lingüística.3 Básicamente se le debe considerar, pues, como a Fourier, un autodidacta. El carácter no sistemático, las contradicciones (reales o aparentes), el vuelo grandioso y el brillante rigor de su estilo son el resultado de su genio, campesino-artesanal, autodidáctica.




Entre 1831 y 1832 hizo un viaje por Francia en busca de trabajo, recorriendo París, Lyon,Neuchâtel (Suiza), Marsella y Tolón. De regreso a Besanzón, el fourierista Just Muiron le ofreció trabajo como redactor jefe del periódico "El Imparcial". Durante todo este tiempo no cesó de instruirse y profundizar sus conocimientos de los clásicos como DescartesRousseau. Luego de otro breve viaje por Francia, fundó con otros dos socios una pequeña imprenta.



La primera obra que Proudhon escribió fue un "Ensayo de gramática general" (1837), publicado como apéndice a una obra de lingüística del abate Bergier.



En 1838 tuvo que cerrar la imprenta por sus dificultades económicas y el suicidio de su socio.



El 23 de agosto de ese año obtuvo la beca Suard de la Academia de Besanzón, que le permitió disfrutar durante 3 años de una renta de 1500 francos.



En 1839 publicó un trabajo de carácter histórico-sociológico, "De la utilidad de celebrar el domingo," que, igual que el primero, no llamó mucho la atención, aunque obtuvo una mención académica.4 Pero su tercera obra, "¿Qué es la propiedad?", aparecida en 1840, le hizo repentinamente famoso en París, en Francia y en el mundo entero. Al año siguiente, en 1841, y luego en 1842, completó las teorías allí expuestas con una Segunda y Tercera memoria.



En 1843 escribió dos obras importantes: "La creación del orden en la humanidad" y "El sistema de las contradicciones económicas o la Filosofía de la miseria." Esta última dio lugar a una dura respuesta de Marx, quien escribió su "La miseria de la filosofía", precisamente un año después de publicada "Filosofía de la miseria "(1844).



Proudhon conoció a Marx en París; despues de la muerte de Proudhon, Marx escribiría una carta a Herr Schweitzer comentando sobre sus apreciaciones a la obra del francés, la carta concluía:




Proudhon tenía una inclinación natural por la dialéctica. Pero como nunca comprendió la verdadera dialéctica científica, no pudo ir más allá de la sofística. En realidad, esto estaba ligado a su punto de vista pequeño burgués. Al igual que el historiador Raumer, el pequeño burgués consta de «por una parte» y de «por otra parte». Como tal se nos aparece en sus intereses económicos, y por consiguiente, también en su política y en sus concepciones religiosas, científicas y artísticas. Así se nos aparece en su moral y en todas las cosas. Es la contradicción personificada. Y si por añadidura es, como Proudhon, una persona de ingenio, pronto aprenderá a hacer juegos de manos con sus propias contradicciones y a convertirlas, según las circunstancias, en paradojas inesperadas, espectaculares, ora escandalosas, ora brillantes. El charlatanismo en la ciencia y la contemporización en la política son compañeros inseparables de semejante punto de vista. A tales individuos no les queda más que un acicate: la vanidad; como todos los vanidosos, sólo les preocupa el éxito momentáneo, la sensación. Y aquí es donde se pierde indefectiblemente ese tacto moral que siempre preservó a un Rousseau, por ejemplo, de todo compromiso, siquiera fuese aparente, con los poderes existentes.
Tal vez la posteridad distinga este reciente período de la historia de Francia diciendo que Luis Bonaparte fue su Napoleón y Proudhon su Rousseau-Voltaire.
Ahora hago recaer sobre usted toda la responsabilidad por haberme impuesto tan pronto después de la muerte de este hombre el papel de juez póstumo.5




Estas apreciaciones, sin embargo, chocan con lo que el propio Marx reconocía años antes a Proudhon en su obra "La sagrada familia," donde había escrito:




Todo desarrollo de la economía nacional considera la propiedad privada como hipótesis inevitable; esta hipótesis constituye para ella un factor incontestable que ni siquiera trata de investigar y al cual sólo se refiere accidentalmente, según la ingenua expresión de Say. Proudhon se ha propuesto analizar de un modo crítico la base de la economía nacional, la propiedad privada, y ha sido la suya la primera investigación enérgica, considerable y científica al propio tiempo. En eso consiste el notable progreso científico que ha realizado, progreso que revolucionó la economía nacional, creando la posibilidad de hacer de ella una verdadera ciencia. ¿Qué es la propiedad? de Proudhon tiene para la economía la misma importancia que la obra de Say ¿Qué es el tercer estado? ha tenido para la política moderna.
(...)
Proudhon no solamente escribe en favor de los proletarios, sino que él es también un proletario, un obrero; su obra es un manifiesto científico del proletariado francés.6




En 1848 Proudhon es elegido diputado a la Asamblea Nacional al proclamarse la Segunda República. En el seno de ese cuerpo legislativo, combate la propuesta del reformista «cuyos talleres nacionales adormecen a los proletarios sin concederles nada de lo esencial». En ese medio republicano-burgués, aparece como un extraño disidente. Él mismo escribe en sus Carnets: «Estos diputados se asombran de que yo no tenga cuernos y garras». Sin embargo, sus ideas, a través del periódico que publica, "Le representant du peuple", llegan a tener entonces gran influencia en los estratos populares de París.



Cuando el general Louis-Eugène Cavaignac reprime violentamente la revuelta Popular del 23 de junio, 691 de los 693 diputados de la Asamblea aprueban su conducta mientras que Proudhon es uno de los dos que la condena.






[caption id="" align="alignleft" width="220"] Retrato de 1865, por Gustave Courbet.[/caption]

El 10 de diciembre de aquel mismo año, Luis Napoleón es proclamado Presidente de la República por la Asamblea Nacional. Dos años y medio después este Presidente se convertiría en Emperador, del mismo modo que el primer Napoleón había pasado del Consulado al Imperio.




Proudhon ataca duramente a Luis Napoleón en su periódico "La voix du peuple", y lo considera como el peor enemigo del proletariado y del socialismo. Por esta razón es condenado, en 1849, a varios años de cárcel.



Huye a Bélgica, donde vive en el anonimato durante un tiempo, ganándose la vida como profesor particular de matemáticas.



En una ocasión, al regresar por motivos privados a Francia, es descubierto, y encerrado en la famosa prisión de Santa Pelagia. Allí se dedica con apasionado fervor al estudio y escribe, entre otros libros, "La idea general de la revolución". Mantiene también una nutrida y clandestina correspondencia con muchas figuras de la oposición, y propicia una alianza del proletariado con la clase media para derrocar a Luis Napoleón, actitud que le será reprochada por algunos socialistas, los cuales recordaban que pocos años antes Proudhon había contrapuesto de un modo tajante el proletariado y la burguesía.



En 1858 escribe, contra el católico Mirecourt, una de sus más extensas e importantes obras histórico-filosóficas: "Sobre la Justicia en la Revolución y en la Iglesia", la cual le vale una nueva condena, por su ataque contra la religión del Estado, y un nuevo exilio en Bélgica.



Una amnistía le permite retornar a su país, donde en 1863 publica otra de sus obras fundamentales: "El Principio federativo". En ella desarrolla ampliamente su concepción del federalismo integral, que pretende no sólo descentralizar el poder político y hacer que el Estado central se disgregue en las comunas o municipios, sino también, y ante todo, descentralizar el poder económico y poner la tierra y los instrumentos de producción en manos de la comunidad local de los trabajadores. Este concepto del federalismo es quizá el que mejor resume esa totalidad móvil que es el pensamiento de Proudhon.



En los últimos dos años de su vida escribe otra obra de gran importancia doctrinal, que influye decisivamente en la formación ideológica de los fundadores de la Primera Internacional: "De la capacidad política de la clase obrera", aparecida en 1865.



Proudhon murió en Passy, el 19 de enero de 1865 siendo enterrado en París, en el cementerio de Montparnasse.



El pensamiento de Proudhon parte, ante todo, de la filosofía de la Ilustración. Los empiristas ingleses (Locke, David Hume, etc.) y los enciclopedistas franceses, como Voltaire, Helvetius, y particularmente Diderot, son con frecuencia el presupuesto tácito o explícito de sus desarrollos doctrinales. Ataca duramente a Rousseau (como antes Godwin y después a Bakunin), pero toma de este algunas de sus ideas básicas.



También influyen sobre Proudhon las agudas críticas de los socialistas utópicos, como Saint-Simon y Fourier, aunque nadie más renuente que él a las construcciones ideales y al trazado de brillantes cuadros futurísticos.



Las cordiales relaciones entre Proudhon y Marx no duraron mucho. Marx, que rompió con cuantos le precedieron, quiso atacar, en cierto momento, al alemán Grün, representante del llamado "verdadero socialismo", y quiso arrastrar consigo a Proudhon, el cual, lo mismo que Bakunin, no se prestó a ello. He aquí lo que en tal ocasión escribe el "padre del socialismo francés" al "padre del socialismo alemán":



"Después de haber demolido todos los dogmas a priori, no caigamos, a nuestra vez, en la contradicción de vuestro compatriota Lutero; no pensemos también nosotros en adoctrinar al pueblo; mantengamos una buena y leal polémica. Demos al mundo el ejemplo de una sabia y previsora tolerancia, pero, dado que estamos a la cabeza del movimiento, no nos transformemos en jefes de una nueva intolerancia, no nos situemos como apóstoles de una nueva religión, aunque ésta sea la religión de la lógica".



Marx ataca a Proudhon cuando éste publica su Sistema de las contradicciones económicas, tres o cuatro años después de haberlo alabado por su "¿Qué es la propiedad?".



Para muchos marxistas, Proudhon es un ideólogo de la pequeña burguesía, y particularmente de las clases artesanas y campesinas. Los proudhonianos responden a esto recordando los orígenes de Proudhon como trabajador manual. Algunos autores como Jean Touchard, en su "Historia de las ideas políticas", prefieren definir al proudhonismo como "un socialismo para artesanos"; otros han hablado de "un socialismo para campesinos". Los proudhonianos responden a esto diciendo que tales definiciones sólo pueden aceptarse si se tiene en cuenta que, en el momento en que Proudhon pensaba y escribía, la mayoría de los trabajadores asalariados eran artesanos y agricultores más que obreros industriales. También hay quienes han optado llamarlo como León Víctor Bourgeois, "padre del socialismo francés", como le denomino Stekloff, "padre del anarquismo" y como Dolléans, "gran filósofo y tribuno de la plebe europea".



Principales obras




  • ¿Qué es la propiedad? (1840)

  • Sistema de contradicciones económicas o Filosofía de la Miseria. (1846)

  • De la justicia en la Revolución y en la Iglesia (1858)

  • El manual del especulador de la Bolsa (1853)

  • La Guerra y la Paz (1861)

  • El principio federativo. (1863)

  • De la capacidad política de la clase obrera. (1865)

  • Teoría de la Propiedad. (1866)

  • Del principio del arte y su destino social. (1875)

  • La Pornocracia, o las mujeres en los tiempos modernos. (1875)

  • Correspondences (1875)

  • Amor y matrimonio. (1876)

  • Cesarismo y cristianismo. (1883)

  • Jesús y los orígenes del cristianismo. (1896)

  • Comentarios sobre las memorias de Fouché. (1900)



Véase también





Notas y referencias





  1. Edouard Droz; P.J.Proudhon. Librairie des "Pages libres", París, 1909, p. 97.

  2. Armand Cuvillier, Proudhon. FCE, México, 1986, p.21.

  3. Armand Cuvillier, Proudhon. FCE, México, 1986, p.23.

  4. Armand Cuvillier, Proudhon. FCE, México, 1986, p.26.

  5. http://www.marxists.org/espanol/m-e/1860s/sp65s.htm#fnB0

  6. http://es.theanarchistlibrary.org/library/rudolf-rocker-marx-y-anarquismo




Bibliografía





Enlaces externos.





 

 

Proudhon, el padre del anarquismo




El Capital, el Estado, Dios... Proudhon se obstina en derribar los ídolos del autoritarismo. Tras negar, construye su filosofía sobre la base del contrato recíproco y aceptado por todos con el fin de asociar socialismo con libertad.


La obra de Proudhon tiene fama de ser confusa y contradictoria, lo que podría confirmarse por la diversidad de corrientes de pensamientos que se dicen deudoras del autodidacta francés. Desde Action Française a los anarquistas, pasando por los socialistas y los sindicalistas, la referencia a Proudhon es oportuna. Un análisis detallado de los temas formulados por esos "continuadores" de Proudhon podría, sin embargo, hacer surgir el ocultamiento de una gran parte de los análisis proudhonianos para dar ventaja a un punto determinado sacado de su contexto.


El Cercle Proudhon, por ejemplo, fundado en 1911, a iniciativa de miembros de Action Française y de sindicalistas, lo reivindica como un Proudhon mítico, francés, antidemócrata y apolítico, que no resiste a un exámen serio. Los socialistas, por su parte, trataron de recuperar a Proudhon insistiendo en su oposición a Marx, o mezclando las soluciones proudhonianas más inmediatas con los principios reformistas. Para terminar con esta enumeración de las diversas interpretaciones del proudhonismo, parece que si los sindicalistas revolucionarios tienen todo el derecho de reclamar para sí a Proudhon, evitando sus opciones políticas, es el movimiento anarquista en su sentido más amplio, o más bien la filosofía libertaria, la que parece continuar más sinceramente el trabajo emprendido por aquel al que los historiadores o teóricos libertarios califican de "padre de la anarquía".


Esta denominación seguramente no habría gustado a Proudhon, que siempre tuvo horror a los discípulos y desconfió bastante de las organizaciones. En un sentido filosófico, la denominación no conviene porque es la esencia del pensamiento proudhoniano lo que toman los anarquistas, sin hacer de Proudhon un maestro y criticando algunos de sus análisis, con un espíritu que le habría interesado. Antes de entrar en detalles, digamos que el anarquismo se articula sobre un conjunto de elementos que forman la osamenta del pensamiento proudhoniano y hacen de él un sistema sólido en el que cada punto clarifica al de al lado:


- rechazo de la propiedad en el terreno económico
- rechazo del Estado en el terreno político
- rechazo de la Iglesia en el terreno moral
- organización de la producción y de la vida social desde abajo hasta arriba por medio del apoyo mutuo y del federalismo
- revolución permanente o rechazo del concepto de fin de la historia


Destruir


"Si tuviera que responder a la pregunta siguiente: ¿qué es la esclavitud? y con una sola frase dijera, es un asesinato, mi pensamiento quedaría expresado.


¿Por qué entonces a esta otra pregunta, ¿qué es la propiedad? no puedo yo responder igualmente es un robo, sin tener la seguridad de ser bien comprendido, cuando esta afirmación equivale a la anterior transformada?" (1)


Cuando aparece su Primera memoria sobre la propiedad en 1840, Proudhon se ha dirigido a un tema tabú. Pero no es el primero en tratar ese problema. Algunos economistas como Adam Smith, Ricardo o Jean-Baptiste Say sentaron las bases de una ciencia de la economía. Saint-Simon, Fourier o Robert Owen trataron la cuestión, así como también los herederos de Gracchus Babeuf, con Étienne Cabet como jefe, preconizando la propiedad común.


Tras la violencia de estas fórmulas, lo que destaca Proudhon es la existencia de seres colectivos y de la fuerza colectiva, que no es tomada en cuenta por el capitalista en la regulación de los salarios. El capitalista paga, en efecto, un tanto cada jornada que ha empleado a los obreros. No paga por el trabajo resultante de la fuerza colectiva. Es el interés del capital, lo que Marx denominará plusvalía.


"Esa fuerza inmensa que resulta de la unión y de la armonía de los trabajadores, de la convergencia y de la simultaneidad de todos sus esfuerzos, no está en absoluto pagada" (1). La sociedad capitalista está, por tanto, basada en un robo. La apropiación de la fuerza colectiva para el beneficio exclusivo del capitalismo, que pone al productor en una situación de dependencia frente a sí mismo. Si Proudhon rechaza esta apropiación de la fuerza colectiva por el capitalismo, rechaza igualmente la que podría venir del Estado y esto es lo que lo separa del socialismo estatista y hace de él uno de los fundadores del socialismo libertario.


"La política es la ciencia de la libertad. El gobierno del hombre por el hombre, bajo cualquier nombre que se disfrace, es opresión: la más elevada perfección de la sociedad se encuentra en la unión del orden y la anarquía" (1).


Al rechazo de la propiedad en el terreno económico, corresponde el rechazo del Estado en el terreno político. El Estado, como el capital, niega los seres colectivos. La sociedad no es considerada un ser colectivo, sino una suma de individuos con intereses divergentes, en la que la función del Estado consiste en arbitrar los conflictos, en soldar la sociedad.


Proudhon rechaza esta concepción heredera de Rousseau y de la Revolución francesa: "En lugar de la libertad económica, la Revolución nos ha legado, a beneficio de inventario, la autoridad y la subordinación política. La república tenía que fundar la sociedad. No ha pensado más que en gobernar (…) Es necesaria una revolución nueva, organizadora y reparadora, para llenar el vacío creado por la primera". (2)


Rechaza también las teorías comunistas que ven el Estado como un instrumento de transformación social. La transformación social no debe lograrla el Estado sino la propia sociedad, en su base. "El gobernante es contrarrevolucionario por naturaleza, o resiste, u oprime, o se corrompe o reprime. El gobierno no sabe, no puede y no querrá jamás otra cosa. Poned a un San Vicente de Paúl en el poder: será como Guizot o Talleyrand". (3)


Este antiestatismo, presente en el conjunto de la obra de Proudhon, será retomado por Bakunin y el conjunto del movimiento anarquista, y esa distinción entre revolución social y revolución política dará lugar a la escisión del movimiento socialista en dos ramas: los autoritarios y los libertarios.


Queda un ídolo por destruir, y Proudhon se dedica a ello en "De la Justicia en la Revolución y en la Iglesia". No se trata de negar a este ídolo, a Dios, sino de combatirlo como un absoluto exterior a la sociedad que ha justificado siempre todos los absolutismos: ayer la esclavitud y el príncipe; hoy la propiedad y el Estado (Bakunin retoma el tema en "Dios y el Estado").


No es exactamente un materialista, pues Proudhon no rechaza el misticismo, según él inherente al hombre que siente vagamente algo por encima de sí (el ser colectivo, la sociedad). Desea la reapropiación de esta mística en beneficio de la sociedad. Será la Justicia, no un absoluto sino un ideal hacia el que hay que tender, aun sabiendo que no se alcanzará jamás. Como diría Camus un siglo después, con el mismo espíritu: "Hay que imaginar a Sísifo feliz". (4)


Construir


Proudhon ha puesto el acento en el principio de autoridad, a la que acosa bajo diferentes formas: "El Capital, cuyo análogo en el orden de la política es el Gobierno, tiene como sinónimo, en el orden religioso, al Catolicismo. La idea económica de capital, la idea política de gobierno o autoridad, y la idea teológica de la Iglesia, son tres ideas idénticas y recíprocamente convertibles: atacar a una es atacar a la otra, como saben perfectamente todos los filósofos. Lo que el capital hace con el trabajo, y el Estado con la libertad, la Iglesia lo hace con la inteligencia. Esta trinidad del absolutismo es fatal, tanto en la práctica como en la filosofía. Para oprimir al pueblo con eficacia, hay que encadenar a la vez su cuerpo, su voluntad y su razón". (3)


El movimiento anarquista continuará en esta línea, pero no se limitará a la crítica y tratará de trazar el camino para una nueva construcción social, del mismo modo que Proudhon, al que anima un espíritu positivo que equilibra perfectamente su temperamento polemista: "Negar, negar siempre, ese es nuestro método de construcción en filosofía". (5)


En 1843, bajo la influencia dominante de la filosofía alemana, Proudhon publicó "De la creación del orden en la humanidad", en el que trató de definir un método de análisis: la dialéctica seriada. Esta dialéctica debe permitir analizar las contradicciones de la sociedad o parejas antinómicas, que representan el movimiento, la acción o la libertad, así como las grandes líneas o series que organizan esas contradicciones. Esta dialéctica proudhoniana, que rechaza la síntesis, artificial en filosofía, gubernamental en política, crea una filosofía del pluralismo, del equilibrio y del movimiento: "Los términos antinómicos no se resuelven, del mismo modo que los polos opuestos de una pila eléctrica no se destruyen; (…) el problema consiste en encontrar no sólo su fusión, que sería la muerte, sino su equilibrio, inestable siempre, variable según el desarrollo de las sociedades". (6)


Las divergencias entre autoritarios y antiautoritarios en la Primera Internacional tienen su origen en esta distinción entre las dos filosofías, una pluralista, la otra gubernamental. Por otra parte, Marx no se equivoca cuando declara a propósito de Primera Memoria: "La obra de Proudhon ¿Qué es la propiedad? es tan importante para la economía política moderna como la obra de Sieyès ¿Qué es el Tercer Estado? para la política moderna" (7), porque cuando Proudhon aplica su dialéctica al análisis económico en Sistema de contradicciones económicas o Filosofía de la miseria, Marx contesta en su panfleto Miseria de la filosofía: "Pretende [Proudhon] colocar al hombre de ciencia por encima de los burgueses y de los proletarios; no es más que el pequeño burgués, bamboleándose entre el capital y el trabajo, entre la economía política y el comunismo". (8)


Esta filosofía del pluralismo va a llevar a Proudhon a preconizar la organización económica sobre una base mutualista, y la organización política sobre una base federalista. Eso implica sustituir la autoridad por el contrato, todo ello dirigido a la reciprocidad. El contrato proudhoniano es una idea básica de la filosofía libertaria (véase el pacto asociativo de la Federación Anarquista) y difiere totalmente del contrato social de Rousseau, que crea el Estado de derecho.


Para Proudhon no debe existir otra obligación que la resultante del compromiso, se debe dar mayor bienestar y libertad a las partes del contrato, que debe haberse debatido libremente, y consentido individualmente, implicando tanto a la organización económica como a la organización política, debiendo desaparecer la segunda en la primera: "Disolución del gobierno en la organización económica". (2)


Del federalismo económico al federalismo político "Transportado a la esfera política lo que hemos llamado hasta ahora mutualismo o garantismo, toma el nombre de federalismo. En una simple sinonimia se nos da la revolución entera, política y económica". (9)


La organización de la producción se basa en la libre empresa en el sistema liberal, o en la estatalización en el sistema comunista (cf. Louis Blanc, La organización del trabajo, 1840). En el sistema proudhoniano, será obra de los productores y resultado de sus intercambios sobre la base de la reciprocidad.


Proudhon distingue tres tipos de unidades de producción:
- la explotación familiar en la agricultura, en la que una familia se beneficia de la posesión de una superficie que puede cultivar. Esas explotaciones pueden federarse escalonadamente hasta la federación agrícola nacional,
- los pequeños talleres de artesanado, en los que cada trabajador controla el conjunto de la producción,
- por último, las grandes unidades de producción industrial, en las que Proudhon propone la propiedad colectiva e indivisa, una socialización por medio de la creación de asociaciones obreras que se federarán para formar la federación industrial.


En estas grandes unidades de producción, la gestión será colectiva, para combatir los efectos negativos de la parcelación del trabajo; el trabajador deberá llevar a cabo sucesivamente todas las funciones y, por último, la formación y educación de cada uno de ellos estará a cargo de la empresa para hacer del productor un ser completo y acabar con la separación manual/intelectual. "El sabio que sólo es un sabio es una inteligencia aislada, mutilada. Se puede decir que la inteligencia del obrero no está sólo en su cabeza. Está también en sus manos". (10)


Estos tres tipos de unidades de producción, sus principios de organización, sus relaciones de intercambio, sus garantías mutuas, forman el federalismo económico que es, bajo sus formas diferentes (mutualismo proudhoniano, colectivismo bakuniano, comunismo libertario, gestión directa), la base de las teorías anarquistas. Encontramos su aplicación en todas las revoluciones en las que los anarquistas tuvieron peso sobre los acontecimientos, principalmente en Ucrania, durante la Revolución rusa, y en la experiencia de socialización llevada a cabo por la CNT española durante la guerra civil.


Anunciada en su "Idea general de la revolución" en el siglo XIX y en "De la Justicia en la Revolución y en la Iglesia", la teoría federalista de Proudhon se expondrá en "El principio federativo", aparecido en 1862. Si Proudhon subordina lo político a lo económico, quiere decir que no rechaza la política. Le aplica su método de unidad en la diversidad. La unidad de base de la economía es el taller, en el orden político es la comuna (municipio) que tiene autoridad sobre todo lo que entra en su dominio y, asociada a otras comunas, forma la región, que a su vez tiene autoridad sobre su dominio y así hasta llegar al Estado federal y la confederación de Estados (entendiendo Estado federal en el sentido de federación nacional). El periodo en el que Proudhon expuso su teoría federalista estuvo marcado por la emergencia de los fuertes movimientos de las nacionalidades apoyados por los demócratas, entre ellos el movimiento por la unidad italiana. Y Proudhon tomó postura contra la unidad italiana que, para él, no unificaba sino que uniformaba, borraba las diferencias, simplificaba y, sobre todo, desviaba el verdadero problema: "El nacionalismo es el pretexto del que se sirven para esquivar la revolución económica". (10)


Desde entonces, el movimiento anarquista se inspirará en este análisis para tomar posición respecto a los problemas de nacionalidad o de regionalismo, con la preocupación de unir respetando las diferencias y con desconfianza hacia ciertas alianzas contra natura que reenvían a las calendas griegas la revolución social. El federalismo es su principio de funcionamiento en el presente, y es en él donde se articula la sociedad anarquista para el conjunto de los teóricos libertarios. Este repaso somero del pensamiento proudhoniano nos ha permitido pasar revista al conjunto de los principios libertarios. La aportación de Proudhon al anarquismo es innegable. Si desde entonces numerosos teóricos han añadido su granito de arena al pensamiento anarquista, si la evolución de la sociedad ha necesitado avanzar con nuevos medios, los principios generales definidos por Proudhon siguen siendo los del anarquismo contemporáneo. El objetivo sigue siendo asociar socialismo y libertad. Un tema a la orden del día.


Notas

1.- P.-J. Proudhon, ¿Qué es la propiedad? (Primera Memoria), 1840.

2.- P.-J. Proudhon, Idea general de la Revolución en el siglo XIX, 1851.

3.- P.-J. Proudhon, Confesiones de un revolucionario, 1849.

4.- A. Camus, El mito de Sísifo, 1942.

5.- P.-J. Proudhon, Solución al problema social, 1848.

6.- P.-J. Proudhon, Teoría de la propiedad (póstumo).

7.- K. Marx y F. Engels, La sagrada familia, 1845.

8.- K. Marx, Miseria de la filosofía, 1847.

9.- P.-J. Proudhon, La capacidad política de la clase obrera, 1864.

10.- P.-J. Proudhon, De la Justicia en la Revolución y en la Iglesia, 1858.



 


Frases de Pierre Joseph Proudhon






La demagogia es la hipocresía del progreso.

Frases de Demagogia






La libertad no es hija del orden sino su madre.


Frases de Orden






Las máquinas, lo mismo que la división del trabajo, en el actual sistema de la economía social, son a la vez fuente de riqueza y causa permanente y fatal de miseria.


Frases de División del trabajo






La paz obtenida con la punta de la espada no es más que tregua.


Frases de Tregua






La anarquía es el orden.


Frases de Anarquía






En una democracia no se es, en realidad, ciudadano por ser hijo de ciudadano; para serlo es de todo punto necesario en derecho, independientemente de la cualidad de ingenuo, haber elegido el sistema liberal


Frases de Liberal






El pueblo es también uno de los poderes del Estado, el poder cuyas explosiones son más terribles.


Frases de Pueblo






Quienquiera que ponga su mano sobre mí para gobernarme es un usurpador y un tirano y le declaro mi enemigo.


Frases de Enemigo






El derecho es para cada uno la facultad de exigir de los otros el respeto a la dignidad humana en su persona.


Frases de Derecho






La democracia no es más que un poder arbitrario constitucional que ha sustituido a otro poder arbitrario constitucional.


Frases de Democracia






El orden político descansa fundamentalmente en dos principios contrarios: la Autoridad y la Libertad. El primero inicia; el segundo determina.


Frases de Orden






Todos los gobiernos de hecho, cualesquiera que sean sus motivos o reservas, están reducidos a la una o la otra de estas dos fórmulas: Subordinación de la autoridad a la libertad, o subordinación de la libertad a la autoridad.


Frases de Orden







Leyes: Sabemos lo que son, y lo que valen. Son telarañas para los ricos y poderosos, cadenas de acero para los pobres y débiles, redes de pesca en las manos del gobierno.


Frases de Leyes






Entre tantas constituciones como la filosofía propone y la historia presenta ensayadas, no hay sino una que reúna las condiciones de justicia, orden, libertad y duración, sin las que no pueden subsistir ni la sociedad ni el individuo.


Frases de Sociedad






Ahora bien, la democracia se inclina fuertemente por el comunismo, fórmula económica de la unidad. Sólo por mediación del comunismo concibe la igualdad. Cuando le hace falta son impuestos forzados, impuestos progresivos y suntuarios, con acompañamiento de instituciones filantrópicas, hospicios, asilos, casas-cunas, talleres nacionales, cajas de ahorro y de socorro, todo el aparato del pauperismo, toda la librea de la miseria... Sonríe jubilosa a los impuestos, que tiende a poner la propiedad en manos del Estado.


Frases de Comunismo






Los comunistas, hacia los cuales tienden todos los socialismos, no creen en la igualdad por naturaleza y educación. La suplen por decretos soberanos que no pueden soportar, sin importar lo que hagan. En lugar de buscar justicia en la armonía de los hechos, la toman de sus sentimientos, llamando justicia a cualquier cosa que les pareciese amor por el vecino e incesantemente confundiendo hechos de la razón con hechos emocionales.


Frases de Comunista






No más partidos, no más autoridad, libertad absoluta del hombre y del ciudadano: esta es mi profesión de fe social y política.


Frases de Profesión






Los partidarios de la autoridad tienden a dejar la libertad, ya individual, ya local o corporativa, el menor lugar posible, y en su propio provecho y en detrimento de la muchedumbre, y, por el contrario, los partidarios del régimen liberal tienden a restringir indefinidamente la autoridad, y a vencer a la aristocracia por medio de la incesante determinación de las funciones publicas, de los actos de poder y sus formas


Frases de Partidos políticos






El orden político descansa en dos principios conexos, opuestos e irreductibles: la autoridad y la libertad... Ni la autoridad ni la libertad pueden constituirse aparte, ni dar origen a un sistema que les sea exclusivamente propio; lejos de esto, se hallan condenadas a hacerse perpetuas y mutuas concesiones.


Frases de Concesión







 

Pierre-Joseph Proudhon vida y obra.


https://youtu.be/VDYFpohHzG4?list=PLJym8UiWfEMWTdeBJb-7kHk67kwYmkqxI

 

http://www.youtube.com/watch?v=HcdmsbAeBB4