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viernes, 23 de septiembre de 2016

Salvador Seguí Rubina "El Noi del Sucre" (Vida y obra)



 Salvador Segui (CNT).JPGSalvador Seguí Rubinat (1886-1923) nacio el 23 de diciembre de 1886 en en Tornabous, Lerida, Cataluña (España) y fue asesinado el 10 de marzo de 1923 en  Barcelona,Cataluña (España) conocido como El noi del sucre ('El chico del azúcar'), fue una de las personas más destacados del anarcosindicalismo de España de principios del siglo XX. Buscó dar un nuevo impulso a la lucha proletaria sin olvidar las esencias de su ideario anarquista.





Se formó como pintor, profesión que siempre ejerció y con la que se ganó el sustento. Ya desde muy joven mostró inquietud por la política y por las ideas libertarias; seguidor de la Escuela Moderna de Francisco Ferrer Guardia y de varios autores como Sorel, Kropotkin, Reclus o Cornelissen, en su formación autodidacta también se relacionó con personajes culturales y políticos de la época, y con miembros y participantes del Ateneu Enciclopèdic Popular, como Francesc Layret.1


Propulsó la formación y educación de las clases obreras desde los sindicatos como armas revolucionarias: la preparación intelectual, cultural y técnica de los trabajadores.


Fue presidente del Ateneo Sindicalista de la calle de Ponent de Barcelona, donde fundó y organizó su biblioteca en 1915,2 lugar en el cual se asumieron funciones de centro superior de estudios sindicalistas y anarquistas.




[caption id="" align="alignleft" width="220"] Placa en homenaje a Salvador Seguí en Barcelona.[/caption]

Impulsor de la creación de Solidaridad Obrera, formando parte del consejo directivo (como vocal) durante un tiempo. En 1916 inicia las negociaciones para una pacto de unidad de acción entre la CNT y la UGT como frente único del movimiento obrero español que comportó inicialmente una huelga general de 24 horas como protesta por el aumento de precio de subsistencias y que continuó con una huelga general indefinida, en 1917, en petición al Gobierno español de un sistema que garantizara a la población el desarrollo de actividades emancipadoras y mínimas condiciones de calidad de vida.


Elegido secretario general de la CNT de Cataluña en el Congreso Regional celebrado en Sants, en 1918, propuso que fuera permitida la intervención de los maestros racionalistas en aspectos de sindicatos "siempre que se organizaran corporativamente"; respaldado por la totalidad de delegados a su favor fue adoptado como resolución.


En congresos posteriores, junto a Ángel Pestaña y Juan Peiró se opuso a acciones más exaltadas llevadas a cabo por otros miembros de la CNT.3 Cabe mencionar el celebrado en el Teatro de la Comedia (Madrid) o el Pleno de regionales de Zaragoza en los que presentaron la proposición de retirada de la CNT de la Tercera Internacional.






[caption id="" align="alignleft" width="250"] Lápida de Salvador Seguí en el cementerio de Montjuic[/caption]

Fue detenido en diversas ocasiones a causa de su actividad anarcosindicalista. Durante la huelga de La Canadiense se encontraba preso pero fue liberado el mismo día en que se desconvocó y pudo poner en evidencia sus grandes dotes de orador en la asamblea organizada por el comité de huelga, en la Plaza de toros de las Arenas de Barcelona para informar sobre los acuerdos llegados con el gobierno. En noviembre de 1920 y junto con Lluís Companys, el sindicalista Martí Barrera y hasta treinta y seis personas más, fue deportado al castillo de la Mola (Mahón).



El 10 de marzo de 1923, en plena maduración por promover entre los trabajadores la idea de la emancipación como motor de una sociedad existente, fue asesinado de un tiro en la esquina de la calle Cadena con Sant Rafael, en el barrio del Raval de Barcelona, por pistoleros blancos del Sindicato Libre4 de la patronal catalana, protegida por el Gobernador Civil de Barcelona Martínez Anido,5 agrupada en torno a la Lliga Regionalista. En el mismo episodio dejaron malherido al también anarcosindicalista Francisco Comes, conocido como "Perones", que moriría pocos días después.


Ha recibido varios homenajes posteriores a su muerte, como la Fundación Salvador Seguí. Está enterrado en el cementerio de Montjuïc de Barcelona.



Referencias




  1. Volver arriba Aisa, Ferran. Una història de Barcelona, Ateneu Enciclopèdic Popular (1902-1999). Lallevir SL / Virus editorial, Barcelona,2000

  2. Volver arriba Solà, Pere. (1976) Las escuelas racionalistas en Cataluña (1909-1939). Tusquets editor:Barcelona. ISBN84-7223-711-7

  3. Volver arriba Raymond Carr (2002). Modern Spain, 1875-1980. Oxford University Press. ISBN 0-19-280129-5.

  4. Volver arriba Autores varios.Història de la cultura catalana. Edicions 62, Barcelona, 1999

  5. Volver arriba Daniel Guérin, (2006). No Gods, No Masters: An Anthology of Anarchism. AK PressPolitics. ISBN 1-904859-25-9.



Bibliografía



  • Peirats, José. La CNT en la revolución española. Paris, Ruedo Ibérico, 2ª Ed, 1971.

  • Huertas Clavería, Josep M. Salvador Seguí “ el noi del sucre”; materials per una biografía. Barcelona. Laia, 1976.

  • Fundación Salvador Seguí. Las relaciones entre la UGT y la CNT. Apéndice Ramón Álvarez. Madrid, F.S.S, 1989.

  • Bar, Antonio. La CNT en los años rojos: del sindicalismo revolucionario al anarcosindicalismo. 1910-1026. Madrid, Akal D.L, 1981.

  • Seguí, Salvador. Narraciones. anarco-sindicalistas de los años veinte / Salvador Seguí...[et al.], Barcelona, Icaria, 1978.

  • Edición de Antonio Elorza. Artículos madrileños de Salvador Seguí. Madrid, Editorial Cuadernos para el diálogo, S.A., 1976.

  • Pere Foix. Apòstols i mercaders. Barcelona, Editorial Nova Terra, 1976.


Enlaces externos





 


 


Salvador Seguí: obrero, organizador de obreros.



Cuando llega la paz en 1918, tras terminar la Gran Guerra, Barcelona se convierte en una ciudad a la deriva, con legiones de parados y excluidos sociales. A la prosperidad provisional y artificial de los años de guerra sucederá el caos. La capital catalana se ha superpoblado desmesuradamente como consecuencia de la atracción que ejercían las industrias bélicas sobre las provincias pobres. Además, en las últimas, fases del conflicto, Barcelona se había convertido en un poderoso centro de espionaje.

 

La ciudad está infestada de agentes dobles, provocadores de todas categorías y de una población desocupada, exasperada, lista para cualquier locura producto de la desesperación y la imperiosa necesidad de comer que tenemos todos los humanos, cosa que nunca les importó a los capitalistas, nuestra desgracia es su fortuna. La tensión social está al rojo vivo, dos grados por debajo del punto de ebullición. Este ambiente de revolución social se ve  incesantemente acrecentado por la presencia de las masas marginadas, puesto que ya no les queda más que perder.

 


La consecuencia será que, durante los años que van desde el fin de la guerra a la dictadura de Primo de Rivera, la capital de Cataluña va a ser agitada por violentas e incontrolables sacudidas. El enfrentamiento entre las fuerzas sindicales y las del orden burgués revestirá dos formas: en primer lugar un desafío al estilo clásico entre la potente CNT y la Patronal catalana; y en segundo lugar una lucha áspera, nocturna y sangrienta, al oponerse los turbulentos elementos de los bandos presentes.

 


Entre las filas del anarcosindicalismo militan algunas figuras claves que intentan organizar mejor la lucha, Salvador Seguí, denominado familiarmente el «Noi del Sucre» es uno de ellos.  Su excepcional personalidad va a dominar la inmediata posguerra. Dará un nuevo acento al anarcosindicalismo. Seguí no podrá ser acusado de tibieza, ni siquiera de moderación, ya que él nunca olvidará los objetivos últimos de la lucha revolucionaria. Sin embargo, un prudente sentido político, un realismo constante, un evidente talento de organizador le protege de líricas ilusiones que constituían la tentación permanente de los desesperados de la gran ciudad, cosa bastante lógica, puesto que el que lleva días sin comer quiere la revolución ya, sin pensar en planificaciones, lo que quiere es que mañana sea su último día de hambre.





Gracias a la solidaridad entre obreros y campesinos se pudo paliar un poco esa hambre extrema, aunque no era suficiente con la solidaridad entre iguales, había que organizarse y luchar en conjunto contra los enemigos del pueblo, los administradores de la miseria. Nada se conseguiría con las acciones a título personal, sólo más muertos y presos, las cárceles ya estaban repletas de buenos anarquistas, había que organizar las acciones y evitar en todo momento la mano de la "justicia" estatal.




[caption id="" align="alignleft" width="300"] Salvador Seguí con Salvador Quemades (izq) y Ángel Pestaña[/caption]



 





Salvador Seguí constituye una muestra importante de autoeducación. Nacido en Lérida en 1890, se adhiere al sindicato de pintores. En 1907 su actividad de militante le lleva a ser encarcelado. Orador nato, ejerce una influencia extraordinaria sobre los auditorios proletarios. Pero su prestigio no se limita tan sólo a las clases trabajadoras. La burguesía liberal le otorga su estimación: Seguí se volverá un sindicalista inexorable, se pronunciará siempre contra la violencia ciega. Es un político lleno de calor humano, amante del teatro y de la música, lector de Nietzsche -se dice- aunque no se deja llevar por romanticismos inútiles. Es el hombre de lo posible. Busca caminos realistas en el propio seno de las organizaciones obreras para así llegar a la utopía.



No posee las mismas prevenciones contra la izquierda burguesa que los representantes extremistas de su movimiento. En múltiples ocasiones se esforzará en realizar la alianza entre los sindicatos anarquistas (CNT) y los sindicatos socialistas (UGT), cosa que hoy sería absolutamente imposible, puesto que los de UGT son parte del problema y nunca la solución. La resistencia de los militantes va a sacrificar estos proyectos, la unidad de lucha no fue posible.

Esta tentativa aclara los objetivos y los métodos de Seguí. Más que esperar un cambio instantáneo, un salto a la edad de oro, gracias a una especie de milagro, Seguí prefiere realizar un paso adelante cada día, sin prisa ni fiebre, cuidando de no arruinar todos los progresos logrados por el desencadenamiento prematuro de la tempestad, pasito a pasito pero sin retroceder jamás, ni para coger impulso.


 

Él mismo definirá la relación entre el sindicalismo y el anarquismo como una relación entre lo real y lo ideal, teniendo éste una solución lejana, y no exigiendo que se deba recurrir, para alcanzarla, bien sea a la huelga sistemática, o al atentado personal. La violencia o la reacción poco medida siempre es mala consejera, los anarquistas no son asesinos, son humanitarios antes que ninguna otra cosa, les horroriza ver correr la sangre, aunque siempre intentarán que esa sangre no sea la suya.

La primera preocupación de Seguí fuera reorganizar a la CNT. El sindicato hasta entonces estaba dividido por oficios. De ahí resultaba un agotamiento de la acción reivindicativa. Seguí sustituirá esta estructura por la de los Sindicatos Únicos de Ramo, es decir, un sindicato único para cada rama de la industria, agrupando las organizaciones por oficios. Gracias a estas transformaciones, la acción reivindicativa podrá radicalizarse y democratizarse al mismo tiempo.



La masa de trabajadores no especializados va a intervenir en la lucha junto a los especializados, que de ahora en adelante asumirán todo el peso de la lucha. Estas decisiones, llevadas tanto sobre las estructuras como sobre los métodos de lucha, Seguí va a ratificarlas en junio y julio de 1918 en el Congreso de Sants. En este mismo congreso se dará a conocer otro líder, muy próximo pero al mismo tiempo muy distinto a Seguí, se trata de Ángel Pestaña.


 



Ángel Pestaña Núñez es considerado como una de las figuras más destacadas del anarcosindicalismo español. Huérfano de su padre desde niño y sin haber conocido a su madre ni a su hermana; se vio obligado desde pequeño a ganarse el sustento, por lo que trabajó en diversos oficios por toda la cornisa cantábrica , en una situación de desarraigo hasta aprender finalmente la profesión de relojero. Después de viajar por España, Francia y el norte de África, fijó su residencia en Barcelona, ingresando en la CNT y colaborando en el periódico anarquista "Tierra y Libertad".

Llega a ser el director de Solidaridad Obrera, órgano de expresión de la CNT, desde donde inicia una valiente campaña contra el jefe de policía Bravo Portillo, a quien acusó, con pruebas, de ser un espía de los alemanes.En marzo de 1920 salió de España en representación de la CNT para asistir al II Congreso de la Internacional Comunista; celebrado en el verano de aquel año; y fue uno de los escasos delegados que se atrevieron a enfrentarse a la línea impuesta por los comunistas.

Al principio, Ángel Pestaña; como la mayoría de los libertarios, simpatizaba con la revolución rusa como cuestión de principio, pero le alarmaba la hegemonía del Partido Comunista, que hacía presentir la dictadura de un partido sobre el proletariado. Pestaña acusó a Lenin de "autoritario y absorvente"; y ve en el comunismo bolchevique un régimen dictatorial instalado sobre la miseria colectiva, y en la dictadura de un partido el falseamiento de la revolución popular.
Nacido en un pueblecito de las montañas de León, muy pronto queda huérfano. Pestaña tuvo una infancia muy difícil; más tarde aprende el oficio de relojero y llega a Barcelona en 1914, donde su primera acción es ir a saludar a Anselmo Lorenzo. Pestaña es de temperamento metódico, excelente organizador, provisto de una vasta cultura histórica y filosófica, tenía en su comportamiento cotidiano algo de puritano y asceta. Esto le permitía, en los momentos difíciles, disfrazarse de sacerdote, para escapar de sus perseguidores…




[caption id="" align="alignleft" width="301"]Pestaña y Seguí, los dos primeros empezando por la izq Pestaña y Seguí, los dos primeros empezando por la izq[/caption]

El Congreso de Sants se pronuncia en favor del apoliticismo y de la acción directa pero, en el espíritu de Seguí, nada tiene que ver con las fantasías que alimentaban los libertarios de los tiempos heroicos. La acción directa no está relacionada con los atentados individuales o con la intención de perjudicar a los esquiroles. Acción directa significa ante todo acción directa ejercida por los obreros, sin que nadie intervenga entre el patronato y el proletariado.

Esta acción puede ser violenta o no, no se excluye la violencia en caso de autodefensa, en algunos casos es imprescindible, pero siempre huyendo del odio cegador, había que mantener la cabeza fría y tener claro que los asesinos y los criminales siempre son los capitalistas. El pueblo dispone de un arma esencial, la huelga general, cuyo objetivo es doble: obtener mejoras materiales y preparar los cambios fundamentales para el futuro.




Seguí y Pestaña llevan a cabo un esfuerzo tenaz para conjurar las tentaciones que el caos general, la desmoralización y la angustia -al igual que el éxito bolchevique en Rusia- hacen sentir en los anarcosindicalistas. Los hombres de negocios catalanes comprenden que tienen frente a ellos a un adversario que surge reforzado de la reorganización que él mismo ha conducido a feliz término. Reaccionan con la formación de una «Federación patronal», que se opondrá a la CNT, en una guerra sin cuartel, hasta 1923, es el tiempo de los sicarios asesinos contratados por la patronal para acallar las voces más influyentes del anarcosindicalismo barcelonés.




[caption id="" align="alignleft" width="301"]Inicios de la huelga de la canadiense Inicios de la huelga de la canadiense[/caption]


 La CNT de Seguí no tardará en afrontar la prueba del fuego, con motivo de la huelga de la «Canadiense». Se denomina así a una importante empresa de electricidad de Barcelona, dirigida por el canadiense Peter Lawton. Estalla la huelga en febrero de 1919. La CNT, gracias a la nueva estructura, da pruebas de su eficacia. Las restantes empresas de gas y electricidad de Barcelona van a la huelga por solidaridad. La ciudad queda sumida en la oscuridad. Otras ramas, empezando por la textil, se contagian. Un mes después, el setenta por ciento de las fábricas de Barcelona están paralizadas y también numerosos servicios públicos, comprendidos los de pompas fúnebres.

El gobierno replica declarando el estado de sitio en toda la provincia de Barcelona. Al mismo tiempo, e intentando poner en marcha la mermada economía, los poderes públicos disponen el requerimiento de ciertos trabajadores, pero los obreros de las artes gráficas replican con lo que se ha llamado la «censura roja»; no imponen el decreto gubernamental sobre la movilización de los huelguistas, según el acuerdo del Sindicato único del ramo de los impresores.

 



[caption id="" align="alignleft" width="301"] La Canadiense, auténtica picadora de carne humana La Canadiense, auténtica picadora de carne humana[/caption]

Esta importante cohesión obrera, reforzada ante las amenazas del gobierno, llega a impresionar. Pero la situación material de los obreros empeora rápidamente, y Seguí, que controla perfectamente la operación, inicia las negociaciones a mediados de marzo, cuarenta días después de haberse iniciado la huelga. Varias categorías de trabajadores obtienen ventajas substanciales. La jornada de ocho horas se extiende por todas las ramas de la industria. Es un éxito. Ha sido adquirido por la demostración pacífica de la fuerza obrera. No se ha manchado en ningún momento por la violencia.


La vuelta a la normalidad no durará mucho tiempo. Algunos obreros son arrestados y permanecen en prisión. La solidaridad vuelve a extenderse. La huelga estalla de nuevo el 24 de marzo, pronto se hace general, ya que, según Fernández Almagro, en su Historia del reinado de Alfonso XIII, cien mil trabajadores observan la huelga (mientras que en 1892, para reclamar la jornada de nueve horas, solamente cuarenta y cinco mil trabajadores habían dejado el trabajo en Barcelona). Ante esta vuelta a la agitación, las autoridades, que no conocen más que un remedio efectivo, decretan nuevamente el estado de sitio.



La ciudad es ocupada militarmente, y una especie de guardia cívica burguesa, el somatén, trata de instaurar un cierto tipo de vida económica. Se enrolan ocho mil voluntarios. Son detenidos muchos trabajadores, sobre todo aquellos dirigentes de los sindicatos cuya actividad está jurídicamente suspendida. Y, sin embargo, la Federación Patronal encuentra el medio de reprochar al gobierno su debilidad y su suavidad: considera que han cedido demasiado a los sindicalistas durante las negociaciones del mes de marzo, tras la primera huelga de la «Canadiense». En cuanto a los sindicalistas, vencedores en marzo, pierden su prestigio con este nuevo empuje de la huelga, que sirve de pretexto para la reorganización patronal, sin llegar a resultados positivos.


Pero las cosas son muy complejas, pues las pretensiones patronales se explican mejor si las situamos en un contexto local, es decir, en el marco de la rivalidad permanente que existe entre Barcelona y el resto de España. La mayor parte de patronos catalanes deseaban que se presentara a las Cortes un estatuto de autonomía para Cataluña. Es cierto que un principio de descentralización había sido más o menos adquirido antes de las huelgas. Pero el malestar social retrasó su realización. Por lo tanto, ahora se entiende que los patronos terminaran por sospechar que el gobierno de Madrid tenía tratos con los huelguistas a fin de mantener el dominio de Madrid sobre Barcelona. Según esta hipótesis -la cual dista de estar sostenida por todos los historiadores- el gobierno habría actuado bajo mano para prolongar la huelga, mostrándose aparentemente conciliador. Esta era una manera de frenar el nacionalismo catalán.



En esta disputa, los anarquistas van a mostrar la máxima prudencia. No obstante, se les acusará de haberse vendido a los emisarios de Madrid. Resentido de haber perdido en los dos terrenos, en el económico y en el político, el patronato catalán se endurece: se rodea de representantes del ejército en Barcelona, partidarios en su mayoría de las medidas de fuerza mucho más que los gobernadores civiles.

En julio de 1919 cuando está en el poder el gabinete del conservador Sánchez de Toca, se inclinan de nuevo por acceder a la conciliación bajo la influencia del ministro del Interior. El social-católico Burgos y Mazo prepara una fórmula intermedia para la creación de comisiones mixtas de patronos y obreros; los jefes de empresa aceptan, después sabotean el proyecto que Seguí, tras duras dificultades había hecho admitir a la CNT. Aún más: se preparan para el contraataque, que se desencadenará a partir del otoño, debido a una situación más grave, el lock-out, mientras que en Madrid el poder cae en manos de un gobierno menos preocupado y abierto por las cuestiones sociales que el precedente.




Las consecuencias del lock-out serán dramáticas: doscientos mil trabajadores son despedidos de sus trabajos. Angustia, resignación, hambre, son el principio de una serie de problemas mucho más peligrosos que los que han precedido. El lock-out marca el final del período (junio de 1918-noviembre de 1919) en que Seguí junto con Pestaña y muchos otros anarcosindicalistas consiguieron la unidad de lucha y una fuerte organización basada en las cajas de resistencia, en la solidaridad y el apoyo mutuo. A partir de ahora, se entra en una época de guerrillas confusas y salvajes que evoca mejor el Chicago de los años treinta que las grandes luchas obreras. Salvador terminó siendo asesinado por los gángsters capitalistas en 1923.














Flores depositadas en el lugar donde "El Noi del Sucre" fue asesinado

Fuente:




"Los anarquistas españoles". Jean Becarud y Gilles Lapouge





 


 



Articulo escrito por Pepe Gutiérrez-Álvarez


Salvador Seguí, el “Noi de Sucre” (el chico del azúcar) es una de las mayores leyendas del sindicalismo revolucionario en general y de Cataluña en particular, un ejemplo que siguió vivo a través del tiempo en el corazón de los sindicalistas que han tratado de unir la lucha con la inteligencia, la autonomía con la unidad. Está vivo por ejemplo en la lucha de los compañeros de SEAT que persisten en su huelga de hambre alumbrando conciencias dormidas.


Salvador Seguí Rubinat, conocido también como el «Noi de Sucre», siguió estando presente en la memoria de los que trataron de seguir su ejemplo. Era un nombre que se sentía entre los trabajadores en la España del silencio y el terror franquista…Para Francecs Pedra, mi “papá” político, era como alguien de la familia, y en la primera ocasión que tuvo me llevó a la calle Carretas, al lugar justo donde fue asesinado por sicarios de la patronal. Un lugar en el que durante mucho tiempo no faltaron ramos de flores, depositadas por las compañeras a las que el sistema las obligaba a ejercer la prostitución, y con las que Salvador, mostró siempre una sensibilidad reivindicativa.


Su intensa vida militante llena toda una época del sindicalismo catalán del que sería su figura más destacada; su trayectoria todavía es base de una amplia controversia sobre sus ribetes más o menos políticos e ideológicos (Lleida, 1887-Barcelona, 1923). Su formación escolar acaba a los 12 años después de la cual entre a trabajar como aprendiz de pintor, salta de taller en taller por su espíritu «contestatario» y trabaja como pintor de brocha gorda. Ya en 1902, el «Noi» sufre su primera detención por su participación en una huelga del metal y actúa junto con los grupos específicos más audaces y violentos. En 1904 utiliza su seudónimo por primera vez (que se atribuye a su gusto por el azúcar), en artículos y discursos. En 1907 será encarcelado por siete meses en el cuadro de los enfrentamientos con el «lerrouxismo», siendo involucrado en los hechos del teatro Condal. No está demostrada su participación en la Semana Trágica aunque sí que tuvo que refugiarse en Gualva o Palautorderá. Participa en la formación de Solidaridad obrera como delegado en el congreso de 1908 y en la creación de la CNT, así como en la huelga general de 1911, año en el que asiste, en Marsella, a un encuentro proletario internacional…


Su actividad será ciertamente incesante: motín del hambre de 1914, campaña Queraltó, Asamblea de Valencia, Pacto de Zaragoza de 1916, preside el sindicato de la construcción barcelonés, impulsa el movimiento sindical en su patria chica; secretario de la CNT catalana en 1916, ofrece numerosas conferencias y mítines por toda Cataluña. En 1917 inspira la línea confederal en el comité de huelga en alianza con la UGT (como ya había ocurrido el 16 de diciembre de 1916, como consecuencia del Pacto de Zaragoza), y preconiza la proclamación de la República, la supresión del Ejército, la separación de la Iglesia y el Estado y otras reivindicaciones obreras tradicionales…


En 1918, Seguí será el artífice del determinante Congreso de Sants abogando por los sindicatos únicos, y su prestigio sobrepasa ampliamente el cuadro anarcosindicalista. Hombre bohemio, capaz de pasar desapercibido delante de un grupo de sabuesos con su elegancia «burguesa», será en 1919 el «cerebro» del principio y del fin de la mítica huelga de «La Canadiense», lo que le valdrá el primer tropiezo de importancia con el sector más anarquista que le atribuye ambiciones políticas… Este mismo año dará un famoso discurso en Madrid en el que afirmará que era el momento de constituir una organización sólida y de elaborar un programa revolucionario realista. Para ello se necesitaban militantes preparados intelectualmente y no sólo agitadores y activistas.


En la conformación ideológica de Seguí hay una inicial componente nietzscheniano. Al parecer, su «Biblia» fue Así hablaba Zaratrusta, que asume el anarquismo como postura de un grupo movido por un ideal superior de perfección humana capaz de impulsar como un resorte la acción de minorías superiores dentro de los sindicatos. Orador excepcional —será recordado con fervor por los que le escucharon—, militante integral y de gran valor, fue también reflexivo y un táctico capaz de pensar, a través de las experiencias por encima de los arquetipos teóricos. En su ideario básico concurren diversos criterios como el que la clase obrera necesitaba una mayor formación cultural y militante para estar preparada para la revolución; que la clase obrera no es antipolítica per se sino contraria a las normas políticas tradicionales burguesas; que para conseguir objetivos mínimos o intermedios era muy importante establecer una política de alianzas, principalmente con los otros sindicatos, pero también con los grupos y partidos con los que existan intereses comunes transitorios…


Seguí distingue entre anarquismo y sindicalismo: «El Sindicalismo es la base, la orientación económica del anarquismo. La Anarquía no es un ideal de realización inmediata. No la limita nada. Por su extensión espiritual es infinita. Admitiendo que el anarquismo, a través de los tiempos, pudiera ser una realidad, no dudéis de que antes dé margen a la creación de otras concepciones y otras escuelas, nacidas, desde luego, de la primitiva concepción de la idea. El anarquismo no llegará a plasmar en realidad su verdadera filosofía. Sería tanto como definirlo y limitarlo, y eso no (…) Claro que el sindicalismo no es anarquismo. Pero sí es una gradación del anarquismo… No son los grupos anarquistas, ni las organizaciones estatales, quienes han de organizar y regularizar la producción. Son los sindicatos…Distribuirán y normalizarán la producción, el consumo y el cambio… No desesperemos, pues el calvario ha de ser largo». De hecho, todavía queda casi todo por hacer.


En 1919, Seguí se mostró contrario a adherirse, al menos no sin matices y reservas, a la Internacional Sindical Roja, y en 1920 se trasladó a Tarragona, llevando luego un extenso y animado viaje de propaganda por el Levante y por Andalucía (110 intervenciones), lo que le lleva, nuevamente, a la cárcel de la que no saldrá hasta abril de 1922. Hace entonces una nueva campaña de propaganda, esta vez por Cataluña y Baleares y firma el famoso documento de la Conferencia de Zaragoza de 1922 que propone que la CNT declare: «Que siendo un organismo totalmente revolucionario que rechaza franca y expresamente la acción parlamentaria y colaboracionista con los partidos políticos, es a la vez integral y absolutamente política, puesto que su misión es la de conquistar sus derechos de revisión y fiscalización de todos los valores evolutivos de la vida nacional, y, a tal fin, su deber es la de ejercer la acción determinante por medio de la coacción derivada de los dispositivos y manifestaciones de fuerza de la CNT».


En 1923 se publica póstumamente su novelita Escuela de rebeldía, muy en línea del estilo naif de la época. Muere asesinado por pistoleros del dúo Martínez Anido-Arleguí, que con ello querían descabezar el movimiento anarcosindicalista y las posibilidades de un frente democrático y obrero… Por mucho tiempo el lugar del crimen será cubierto de flores entre las que no faltarán las de las prostitutas ante las que Seguí siempre manifestó una actitud sensible y valiente. Valdría la pena hablar de todo esto con una película que lo permite: La verdad sobre el caso Savolta, de Antonio Drove que, a pesar de todos sus defectos, es lo más honesto que el cine española ha ofrecido sobre aquella época.


Su legado será reivindicado por los «trentistas» y denostado por algunos faístas, asimilado de manera muy controvertida hacia una orientación catalanista y política-populista por Pere Foix autor de una obra muy valiosa sobre el sindicalismo catalán Apostols i mercaders en tanto que el sector comunista antiestaliniano, en particular por “Qim” Maurín, mientras que Nin tenía “en cartera” un libro sobre Salvador cuando fue asesinado…Todos ellos entiende que con sus planteamientos hubiera sido posible un frente único obrero como en el que en agosto de 1917 puso la mayoría obrera en marcha, comoel que 1934 alumbró la huelga insurreccional de Asturias, finalmente, trágicamente sola en buena medida por el alma sectaria de la FAI.


Aparte de los libros de Viadiu y Foix sobre Seguí, son también importantes los de: Manuel Cruells. Salvador Seguí, el «Noi de Sucre» (Ariel. BCN, 1974) Josep Mª Huertas Claverias, Salvador Seguí. Materiales para una biografía (Laia, BCN, 1974), Isidre Moles, Salvador Seguí. Escrits (62, Barcelona, 1975), en el que se recoge un buen número de trabajos suyos, lo mismo que en la edición de un joven Antonio Elorza, Artículos madrileños de Salvador Seguí (Cuadernos para el diálogo Divulgación Universitaria, nº 103, Madrid, 1976). Pequeña Biblioteca ha publicado las conferencias de Seguí y Pestaña en el Ateneo de Madrid (4-10-1919) con un prólogo de Enric Olivé i Serret (Palma de Mallorca, 1978), y la lista sigue, de ahí que libros como Història d'unsindicalista, una buena selección de textos de Salvador Seguí tendría que estudiarse en las escuelas, al menos en las escuelas del sindicalismo. Y tendría que haber una en cada barrio.



Pepe Gutiérrez-Álvarez








Salvador Seguí en una imagen de archivo

Antonio Soler retrata sin ficción la malograda gesta de Salvador Seguí, el mítico líder anarcosindicalista, en 'Apóstoles y asesinos'


Arranca como una novela y se lee como tal de cabo a rabo. No en vano firma la obra un novelista de fuste, Premio Nadal 2004 por El camino de los ingleses o Premio Herralde 1996 por Las bailarinas muertas, si hacemos memoria. Sin embargo no se trata de una novela propiamente dicha, o quizá sí, pero sin ficción. La mínima. Para qué inventar si ya los hechos, el escenario y el personaje van sobrados de épica y leyenda: la convulsa Barcelona, entre pistoleros a sueldo y bombas anarquistas, de la Semana Trágica, la Primera Guerra Mundial en vísperas de la dictadura de Primo de Rivera. Y el protagonista: Salvador Seguí, el noi del sucre, el mítico líder anarcosindicalista que aún recuerda la tradición popular.


«Los hechos están todos documentados. Las licencias que me tomé son mínimas, en la composición de algún diálogo imposible de recuperar, pero cuyo contenido tuvo que ser así», explica Antonio Soler (Málaga, 1956). Se refiere a su nuevo libro,Apóstoles y asesinos (Galaxia Gutenberg), una obra que iba para «ensayo histórico» pero que al sentarse a escribir no quiso desaprovechar su potencial. «El pulso del novelista me permitía calar más hondo en los personajes y una mejor recreación literaria de aquella Barcelona abandonada a la huelga y a la agitación», reconoce.




Su título está claro que es un homenaje a Apóstoles y mercaderes de Pere Foix, pero con una variación «más radical y más descriptiva», dice Soler, en relación tanto a los revolucionarios que recurrían a la violencia, como a mercenarios y a pistoleros de la patronal, «porque dentro de la CNT también había asesinos, éste no es un libro de buenos y malos», aclara para el lector ingenuo.


Con todo, Soler admite cierto afán «reivindicatorio» del noi del sucre, personaje que le apasiona desde que leyera con 18 años la biografía de Ángel Pestaña. «Un tipo muy difícil de clasificar: un anarquista que se vestía como un dandy y con un gran magnetismo capaz de movilizar a miles de personas».


Pero lo que en verdad fascina al autor de El sueño del caimán del malogrado luchador social es «el proceso de su evolución ideológica». «El noi viene de la calle, dejó la escuela con diez años para integrar de adolescente el grupo radical anarquista Els Fills de Puta. Y luego su ideario se va transformando y es cada vez menos anarquista y más sindicalista, hasta sus últimos días en los que ya está pisando la raya de la política», explica Soler. Un probable salto a otro escenario de lucha, de la calle al parlamento, del que sólo se puede especular, porque una bala truncó prematuramente su trayectoria. Bala disparada por los pistoleros blancos de la patronal el 10 de marzo de 1923 en una calle del Raval.


Pero de lo que no duda Soler es que para entonces Seguí ya se había convertido «en un posibilista que creía en la transformación social real a través del pacto y la negociación» y no ya por la vía violenta. De ahí que desde las facciones más radicales de la CNT, entre las que se cocinaba a fuego lento «la gente que va a crear la FAI», lo acusaran de «traidor», y de hecho «recibió amenazas», recuerda el autor, aunque reste toda credibilidad a ciertas versiones interesadas de la reacción que adjudicaban su muerte a extremistas de sus propias filas. «Si hay que resumir en una sola palabra su premisa esa es convivencia, una norma de vigencia hoy y siempre», reivindica Soler. «Y otra constante en su vida es la convicción de que la única vía de liberación de la clase obrera es a través de la educación y la cultura», apunta el autor, cosa que estrecha su ideario con el del pedagogo libertario Francisco Ferrer Guardia.


En todo caso, el noi del sucre «se sitúa en un fuego cruzado porque a su vez era un elemento muy peligroso para la patronal», aclara Soler recordando su carisma, oratoria y capacidad movilizadora. Célebre es el mitin que puso fin a la sangrienta huelga de la Canadiense, en el que Seguí, tras media docena de oradores abucheados, logró convencer a cerca de 40.000 trabajadores congregados para que regresaran a sus puestos de trabajo, sin esperar la liberación de los presos de la CNT recluidos en el Castell de Montjuïc.


Pero lo cierto también es que Apóstoles y asesinos, a la manera de novela sin ficción, no tiene un único protagonista sino tres. Buena cantidad de páginas también se llevan el president Lluís Company, amigo de infancia de Seguí, y otro tanto su mentor ideológico Francesc Layret. Para no mentar importantes cameos, si de un biopic se tratara, de algunos nombres que protagonizarán la historia poco después: Pestaña, Indalecio Prieto, Largo Caballero o Eugeni d'Ors. «Los tres personajes, Companys, Layret y Seguí», retoma Soler, «verdaderamente forman una trinidad porque su pensamiento tiene varios puntos de coincidencia, comparten periódico y publicaciones de la época y finalmente comparten un destino trágico», concluye.






 



Salvador Seguí i Rubinat - el noi del sucre


http://www.youtube.com/watch?v=0RuhUXHPYiM


El noi del sucre, Salvador Seguí. Guión de Heleno Saña


Salvador Seguí Rubiñals, conocido como "el Noi del Sucre" (el chico del azúcar), en memoria de su pasado como niño esclavizado, nació en Lérida el 23 de diciembre de 1890, y representa la figura de un militante de una gran personalidad humana y política. En él se unirán en síntesis admirable, la lucidez y el espíritu revolucionario, la ponderación más sobria, y un gran amor al Ideal.

http://www.youtube.com/watch?v=aAju0_F4zhg










http://www.youtube.com/watch?v=J8CfrQvEh-g

 

Salvador Seguí - El Noi del Sucre: Anarquismo y Sindicalismo.



Conferencia pronunciada en el la prisión del Castillo de la Mola (Mahón - Islas Baleares), 31 de diciembre de 1920

http://www.youtube.com/watch?v=pAET0Jnj3sE



EL NOI DEL SUCRE (LORENZO MORALES) - HOMENAJE A SALVADOR SEGUÍ



http://www.youtube.com/watch?v=Kf8yojASPFI

 

domingo, 5 de octubre de 2014

El asesinato de Salvador Seguí


El asesinato de Salvador Seguí






Manuel SALAS.





[caption id="attachment_1478" align="alignleft" width="300"]Salvador Seguí Salvador Seguí[/caption]

No sentimos inclinación al anulador y pernicioso culto a la personalidad y menos aún, al farisaico sentimiento reverencial de los muertos. Sin embargo, por los ásperos caminos de la historia del movimiento obrero han pasado figuras cuya actuación, sacrificio y capacidad son ineludible punto de referencia para comprender la ejemplaridad de su conducta, la magnitud de las ideas que proclamaron y defendieron y la generosa entrega que de su libertad y aun de su vida hicieron para que esa dignidad que reclamaron para sus compañeros de clase no fuese atropellada por la injusticia y la ambición. Posiblemente, en la creciente degradación de la conciencia colectiva de esta humanidad sometida de grado o por fuerza a sistemas y estándares de vida propiciadores del gregarismo y la masificación, las figuras singulares de aquellos luchadores; hoy son casi impensables. Sería abrumador y doloroso recordar el inacabable censo de hombres y mujeres inmolados en la angustiosa reivindicación de sus derechos y libertades. Al cumplirse en estos días el sesenta aniversario del salvaje asesinato de Salvador Seguí, no hemos podido sustraernos al influjo de su obra militante en la Confederación Nacional del Trabajo, y de su trágica muerte en la tarde del 10 de marzo de 1923, junto al compañero Francesc Comas Paronas, que le acompañaba en aquel infausto momento.


No es infrecuente que algunos filósofos o historiadores quieran atribuir a los militantes libertarios un paralelismo místico cercano al de los mártires del cristianismo. El hecho de que El Noi del Sucre fuese victimado a los 33 años de su vida, al igual que se cuenta del legendario Cristo, podría robustecer esa singular e interesada teoría.


Pero Seguí fue víctima de las bandas de pistoleros del «Libre», de la vesania del poder político y policial al servicio de los intereses de la burguesía y los oligarcas que veían en él al hombre capaz de interpretar y galvanizar a los trabajadores para que éstos fuesen nunca jamás considerados como esclavos o mercancía.[i]


Las actuales generaciones desconocen la existencia de muchos hombres que contribuyeron decisivamente a alcanzar unas libertades y unas condiciones de vida que ellos apenas pudieron disfrutar. De ahí que pretendamos hacer una semblanza del pensamiento y la acción de este hombre singular, cuyo vil asesinato denigrará para siempre a sus victimarios y a sus inductores.


Salvador Seguí Rubinat nació en Lérida el 23 de diciembre de 1886. Sus padres se trasladaron a Barcelona, siendo niño, y en ella permaneció hasta su muerte. Su inquietud le impulsó bien joven a participar en cuantos acontecimientos colectivos se sucedían, bien fueran a nivel de juegos callejeros o en protestas y manifestaciones más definidas, hasta el punto que a los 12 años ya sufrió su primera detención, por curiosear en una refriega entre huelguistas metalúrgicos y la policía. No tarda en formar parte de la Junta de la Sociedad de Pintores, y tras una larga detención, toma parte en los sucesos de «La semana trágica», lo que le obligó a trasladarse al pueblecito de Gualba, donde trabajó como pintor.


Hijo único, su padre hubiera querido que sintiese inclinación por el estudio. No hubo nada que hacer. El afirmaba que «en la calle también se aprende», y a los diez años se obstinó en querer trabajar, contra la voluntad de sus padres. Esa negativa, impulsó a Seguí a estar tres días sin aparecer por su casa. Vagabundeó por el muelle y por Montjuïc, hasta que pudieron localizarlo. Su padre accedió, y lo llevó a trabajar a la panadería donde él trabajaba. La primera amonestación del patrón bastó para que no volviese más. Tras varios trabajos, entre los que hay que señalar el de una refinería de azúcar, que dio motivo a su apodo, aprendió el oficio de pintor. Pero no aguantó órdenes de nadie, cambiando de patrón más que de camisa. Enfermó su padre y, como por ensalmo, toda su inquietud se calmó y trabajó duro y con tesón hasta que su padre se restableció, y con la salud de su padre él recuperó también su libertad de andar de un lado para otro. En ese trajín constante, conoció a un compañero que le procuró algunos folletos y libros anarquistas. Y eso fue la causa de que, sin renunciar a ese contacto permanente con las gentes y la calle, se entregase con afán a estudiar y aprender cuanto pensaba podía ayudarle en su formación.


Como a tantos otros, la influencia de las lecturas le llevó a un verbalismo demoledor, y con otros amigos, formaron un grupo tan iconoclasta e inconformista que llamaron «Los hijos sin nombre». Inútil decir que en sus reuniones no quedaba títere con cabeza. Su inconformismo verbal era vigoroso e inextinguible; no así sus recursos que, al considerarse hombres libres y no admitir la explotación, les llevaba al olvido del trabajo con que obtener algo para calentar el estómago. Seguí no padeció grandemente esta carencia, pues en su casa siempre tenía un plato de comida, pero muchas veces, su amor propio le hacía renunciar a esa seguridad, pasando las mismas privaciones que sus amigos.


Ese período de su vida está lleno de anécdotas interesantes que reflejan el hombre vital, directo y sincero que fue toda su vida. Ese sarampión al que pocos jóvenes escapan, afortunadamente, pasó y dio lugar a otro período de reflexión y serenidad, que puso en su conocimiento la hondura y la amplitud necesaria. «Los hijo sin nombre» quedaron olvidados en su propio anonimato y una tertulia que se mantenía en el Café Español, fue la Universidad en la que El Noi se consolidó y aumentó día tras día, despertaron el interés de numerosos intelectuales, que acudían a ella con frecuencia. Entre los escritores, Camba, Baroja y otros fueron visitantes bastante asiduos, junto con una fauna cosmopolita de bohemios, nihilistas, socialistas, trashumantes… También era un lugar, bien conocido por la policía, que sabía que en cualquier momento, siempre encontraría allí inquilinos para los calabozos de sus comisarías y cárceles.


Eran los tiempos duros en que el terrorismo empezó a ensangrentar las calles de Barcelona. La época siniestra de Martínez Anido, Arlegui y el barón de Koening, con sus bandas de pistoleros y confidentes.


Salvador Seguí era ya un militante destacado y capaz en las filas de la Confederación Nacional del Trabajo. Conferenciante brillante, recorrió la geografía peninsular en actos de propaganda y mítines. En el Congreso de la Comedia, en 1919, asistió como delegado y pronunció junto con Pestaña, sendas conferencias en la capital madrileña. Su popularidad fue pasto de periodistas. Un reportero, despistado, le abordó para preguntarle el porqué de su nombre. «¡Hombre!, pues de tan dulce como soy. ¿Qué no ve que atraigo hasta las moscas?»


Su intensa militancia y su firmeza, junto a una intuición sorprendente de las situaciones, hicieron de él uno de los más valiosos dirigentes de la CNT. Polemista agudo e incisivo, su gran corpachón culminado por un rostro en el que campeaba la nobleza, imponía un gran respeto a sus adversarios que no encontraban fisuras por donde resquebrajar su integridad.


En julio de 1916, la CNT invitó a la UGT a un cambio de impresiones para la alianza de las dos fuerzas sindicales. Seguí participó en ellas y fue detenido con todos los demás representantes sindicales asistentes a la misma.


En noviembre de 1916 se produce un paro general de 24 horas en toda España, de ambas fuerzas, y en agosto de 1917, se declara la huelga general en todo el país que tuvo resonancias importantísimas, aun cuando las dilaciones por parte de la UGT pusieron en grave riesgo este movimiento.[ii]


El Congreso Regional de 1918, en Sants, marca el paso de las antiguas sociedades obreras a Sindicatos Únicos, y en él Seguí hace una brillante y razonada exposición de la conveniencia de este cambio.


En esas fechas, los conflictos sociales se incrementan, culminando en el de La Canadiense, con el que el Gobierno quiere dar la batalla a la CNT, y es de nuevo la intuición de Seguí, en el memorable discurso de Las Arenas, que desbarata y hace posible el final positivo de aquel gravísimo y prolongado conflicto.[iii]


Entre detenciones y espacios de libertad, Seguí sigue trabajando infatigablemente y dando muestras de su claro concepto del Sindicato y de la lucha obrera, hasta que es detenido y conducido al penal de La Mola, en Mahón, junto con otros sindicalistas y políticos. Allí pronunciaría su importante conferencia sobre «Anarquismo y Sindicalismo», el 31 de diciembre de 1920, alguna de cuyas ideas reproducimos en este emocionado recuerdo y homenaje al destacado luchador y organizador que fue Salvador Seguí El Noi del Sucre.




Es creencia general que Sindicalismo no significa nada. Los equívocos que se han formado son tantos y de tal magnitud, algunos, que conviene de una vez para siempre deshacerlos. Que el Sindicalismo no sería nada sin la espiritualidad irradiada del Anarquismo, como algunos afirman, condicionalmente es verdad. Nada más que condicionalmente.


Qué es el anarquismo

Anarquismo es una gradación del pensamiento humano. Diríamos mejor, es la más alta gradación del pensamiento humano. Es una lógica consecuencia de las diversas fases que a través del tiempo han sufrido las ideas, tamizadas por el sentimiento.


Todas las ideas, sin los hombres que las crean, no son nada. La Anarquía, repitámoslo, no es anterior al hombre, porque si así fuere, los anarquistas dejarían de ser espiritual y moralmente lo que fueron y lo que son, para rendir culto fanáticamente a lo sobrenatural. En tal caso, los principios anarquistas no se diferenciarían de los principios deístas.


Y precisamente, por ser las ideas creadas y concebidas por los hombres, tienen constancia y valor humano. De lo contrario serían un valor negativo. Toda idea que no pase por los procesos de la evolución, no será sino una elucubración mental. El Anarquismo debió pasar por ese proceso evolutivo para poder ser concebido como manifestación humana.


Todas las ideas, desde las más modestas hasta las más audaces, han pasado por ese proceso. Lo demuestra el hecho de que ni una sola ha sido plasmada en realidad, llevada a la práctica, en su concepción primitiva y en su integridad. Así las religiones, todas las concepciones filosóficas, económicas y políticas, así también nuestras ideas. Ahora bien; con cuanta más fe y más íntegramente sea planteada la lucha, más pronto y más felizmente se llegará a la realización de las ideas. Tened en cuenta también que aquéllas pierden la integridad de su concepción originaria, y pueden bifurcarse para ser llevadas a la práctica, por nuevos caminos abiertos para su inmediata realización.


Una idea puede dar margen a nuevas concepciones ideológicas, y puede ser motivo para crear organizaciones que basándose en la concepción espiritual de la misma, cree otras nuevas. Y aun cuando no sean las mismas, fundamentalmente en nada pueden diferenciarse…


Qué es el sindicalismo


Eso ocurre con el Sindicalismo. Este es la base, la orientación económica del Anarquismo. Porque la Anarquía no es un ideal de realización inmediata… Hagamos otra afirmación diciendo que siendo la concepción ideal de la vida de los hombres, no llegará a tener realización porque es una perfección extraordinaria del pensamiento. El Anarquismo no llegará a plasmar en realidad en su verdadera filosofía. Sería tanto como definirlo y limitarlo. No tiene un origen material. No nace en un punto para morir en otro. Es propio de la inteligencia y del sentimiento. Por esa razón, Anarquismo es ya individualismo. Y en él hay también la concepción colectivista que acepta aquellas cosas del Anarquismo de más fácil realización.


¿Y qué significación tiene el Sindicalismo?


Históricamente, es la condensación del pensamiento al que dieron vida los compañeros de la Internacional; prácticamente es el instrumento del Anarquismo para llevar a la práctica lo más inmediato de su doctrina.


“Hay quien dice que el Sindicato no es nada. Es un error esta afirmación. El Sindicato es cerebro y brazo. No se comprende el uno sin el otro. El Sindicalismo tiende a usufructuar las prerrogativas que le son propias en el orden social.


También se afirma que el Sindicalismo no tiene ideas propias. Eso no es cierto. En los Congresos de los años 1910, 1915, 1916, 1918 y 1919, el Sindicalismo llegó a precisar que se apoderaría de los instrumentos de trabajo. El Sindicalismo recibió del Anarquismo alma y espíritu. ¿Quién niega que el Sindicalismo plantea y resuelve el problema económico? ¿Y quién puede negar que el Sindicalismo revolucionario y libertario en su concepción económica, es el auxiliar feliz y poderoso del Anarquismo?


He aquí la virtualidad del Sindicalismo: relevar y sustituir los factores del capitalismo y de la burguesía. Por esa razón no estamos de acuerdo con los socialistas. Ellos hacen hombres que no creen en su personalidad, y con la obra que realizan retardan el momento de la posesión integral de las prerrogativas sociales del hombre.


Mientras haya quien crea que los problemas no los debemos resolver por nosotros mismos, sino que su solución depende de otros, el hombre no hará jamás nada. Quien crea en la organización estatal es un esclavo. [...] Sindicalismo es la agrupación natural orientada de los elementos de una misma profesión, y esta organización orientada en un sentido revolucionario y libertario, se acerca al Anarquismo. ¿Quiénes, sino los trabajadores, pueden llevar a cabo un movimiento de renovación?


Mas dudo haya nadie que crea asistir a la derrota de los valores económicos del mundo capitalista, de las viejas y falsas concepciones burguesas, sustituyendo valores y concepciones con los problemas que en su integridad plantea el Anarquismo. La misión de los anarquistas en los Sindicatos está en velar por la vida de éstos y orientarlos. Sin embargo, no son los grupos anarquistas ni las organizaciones estatales quienes tienen que organizar y regularizar la producción. Son los Sindicatos. A los Sindicatos han de ir a darles fuerza y relieve los sectores de la acción y la educación.


Se nos presenta otro punto importante que el proletariado debe resolver. El de la cultura. ¿Qué harán los trabajadores al día siguiente de la revolución con respecto a ese problema? ¿Qué harán de los Ateneos, de las Escuelas, de las Bibliotecas, de los Institutos profesionales?


Si nuestra preparación es lo fecunda que deseamos, al día siguiente de la revolución, destruiremos todo cuanto en el orden de la cultura nos pueda ser perjudicial. En previsión, hemos de crear nuestras Universidades y nuestros Ateneos.


Si no podemos, si los acontecimientos nos sorprendieran, nos aprovecharíamos de lo que hubiese realizado la burguesía en este sentido. Lo que sí haremos, aun en último caso, es arrancar de cuajo lo malo, lo perverso y lo inútil…


Y ahora, amigos míos, dejadme que diga esta noche mis últimas palabras. Que en estas horas en las que nos une el dolor y una luminosa esperanza de manumisión económica y espiritual, hagamos una profesión de fe, de constancia en el propósito y de confianza en nosotros mismos. No creáis en los hombres, en cuanto eso pueda significar una hipoteca de vuestra voluntad; creed, mejor, en cada uno de vosotros…



Pese a su total entrega y a la ejemplaridad de su conducta, Seguí, como tantos otros; no pudo escapar a la destructora ponzoña de las insidias y la maledicencia.


El permanente afán de Seguí de capacitarse y aprender para que su labor fuese más consciente en la defensa de sus ideas, le llevó a relacionarse con periodistas, intelectuales y políticos de izquierda. Su amistad con Oriol Martorell, concejal del Ayuntamiento de Barcelona, en los años 1908-1909, fue motivo para que empezase a circular la especie de que Seguí iba a fundar con algunos intelectuales un «Partido posibilista». El hecho de que El Noi frecuentase la peña intelectual del Café Suizo, en las Ramblas, a la que acudían los Alomar, Iglesias, Gener, Albert, Tintoré, etc., fue pretexto para urdir las más absurdas e interesantes calumnias. No andaban ajenos a estos afanes elementos de la gran patronal que hicieron circular la noticia de que Seguí y Pestaña, «con el dinero de las cuotas de los trabajadores» habían comprado casa propia nada menos que en el Paseo de Gracia barcelonés.


El relevante papel que Seguí desempeñaba en la Organización con federal[iv] era a causa de todas las especulaciones, a las que siempre fue ajeno. A raíz de la campaña electoral subsiguiente al fracaso de la huelga general de 1917, Julián Besteiro, intentó incluir a Seguí en la lista de candidatos, junto a Largo Caballero, a lo que El Noi del Sucre se negó rotundamente.


Junto a García Oliver y Antonio Amador, en un mitin celebrado en Reus, en 1921, Seguí, de manera clara y rotunda, reafirmó los principios apolíticos de la CNT, responsabilizando a los políticos de parte de la represión desatada en aquellas fechas contra los Sindicatos y militantes confederales.


Es bien conocida la campaña orquestada por el periodista Paco Madrid en la que se afirmaba la inclusión de Seguí en la lista de candidatos republicanos a diputados. Cuando, ante el silencio de Seguí, que raramente hacía caso de esas campañas, la organización requirió al periodista para que aclarase el origen de su «información», éste respondió diciendo que, en periodismo, lo importante era la «primicia informativa», y que eso era lo que él había perseguido con sus artículos.


Incluso el propio Pestaña, recién llegado de Argel, se mostró hostil a Seguí, acusándole de «reformista». Pestaña, en aquella época, parecía ser el exponente del Anarquismo y Seguí del Sindicalismo, en el seno del movimiento confederal.


No siempre fue paciente la actitud de Seguí, frente a estas manifestaciones periodísticas. Cuenta Manuel Buenacasa que, a raíz de una huelga general de la Construcción, ganada por la acción directa de los trabajadores, el corresponsal de un diario madrileño, insinuó que el Comité se había vendido a los patronos. «Fue Seguí quien vino a verme, y tras leerme el artículo en cuestión, me preguntó: “¿Y qué pensáis hacer?” Me encogí de hombros, no sabiendo qué responderle. Me cogió por un brazo, llevándome hasta un café, frente a Canaletas, y señalando a un “cliente”, me dijo: “Ahí tienes al tipo que ha querido deshonrarnos”, y sin más espera, le atizó dos sonoras bofetadas que el “periodista” encajó sin rechistar. Se organizó un gran escándalo, y a un policía que acudió para ver lo que pasaba, lo echó a un lado, diciéndole: “Usted calle y escuche”, mientras decía al periodista: “Usted va a desmentir ahora mismo lo que ha dicho; y si no ya sabe lo que le toca”. Por descontado que el diario hizo pública la rectificación al día siguiente.»


Otro rasgo descollante en Seguí era el generoso tributo de su solidaridad y compañerismo. En los tiempos normales, en que El Noi podía vivir con su familia, raro era el día que no acarreaba a su casa un par de invitados, si no eran más. Teresa Montaner, su compañera, con un niño y una niña pequeños, atendía lo mejor que podía a cuantos allí buscaban refugio y solidaridad.


El lugar del crimen

La sistemática persecución de militantes por las bandas de pistoleros libreños, aconsejó a Seguí trasladarse a la región levantina, donde los compañeros albergaron a la familia Seguí durante algún tiempo. Aun en esa situación, El Noi no vacilaba en hacer cuanto hiciese falta por la organización. A raíz de un suceso provocado por un teniente de la Guardia Civil que, al clausurar la Escuela Racionalista en Cullera, había maltratado a los miembros del Comité comarcal, a uno de los cuales propinó un brutal puntapié en el vientre que le produjo una peritonitis traumática, por lo que hubo de ser hospitalizado, siendo procesado el doctor Salgado que certificó el diagnóstico. Seguí visitó a un abogado en Valencia para obtener la revisión de aquel arbitrario atropello. Llevó su aliento a los compañeros presos en la cárcel levantina y pensó que era ya tiempo de regresar a Barcelona, pues su presencia en Cullera ya había sido detectada hasta el punto de que pudo ser abortado un atentado en Sollana merced a la atenta vigilancia de los militantes de aquella comarca.


El 1 de marzo de 1923 pronunció en Manresa su última conferencia. Los compañeros le aconsejaron que no debía regresar a Barcelona, temerosos de la situación cada vez más grave que se creaba a los militantes cenetistas, principalmente. Tranquilizó a los compañeros, asegurándoles que pensaba regresar para conseguir marchar al extranjero.


No pudo hacerlo. Emilio Junoy, senador liberal destacado, que se complacía con la amistad de Seguí, comparándolo con Bakunin afirmó de él: «A Seguí lo ahorcarán en Barcelona –no si yo estoy con vida– o lo asesinarán por la espalda»


Y por la espalda lo mataron el 10 de marzo de 1923.


Artículo publicado en Polémica, n.º 7, abril de 1983.









[i] Aun cuando la nómina de los asesinos a sueldo que integraban las bandas de pistoleros subvencionados por prepotentes caciques de la burguesía, como Graupera, Muntadas y otros, difícilmente podrá ser conocida, hay datos suficientes para probar la intervención directa, en el asesinato de Seguí, del confidente lnocencio Feced que, años más tarde, quiso chantajear a Pestaña, ofreciéndole por una crecida cantidad de dinero, documentos en los que se citaban los nombres de quienes habían organizado, pagado y ejecutado todos los asesinatos de militantes de la CNT. La negativa de Pestaña, no impidió que, pasado el tiempo, se publicasen dichos documentos, en los que curiosamente el nombre de Feced no aparecía implicado, salvo en el de Seguí, respecto del cual había afirmado: «A ese lo mato yo».






[ii] En junio de 1917, y como consecuencia de los compromisos existentes entre la CNT y la UGT para la declaración de la huelga general revolucionaria para derrocar al régimen, y ante la injustificada tardanza de los socialistas para fijar la fecha de la misma, tiene lugar en Las Planas, en plena montaña, una reunión clandestina a la que asiste por la UGT, su vicepresidente Largo Caballero. Las explicaciones de éste fueron poco convincentes, ya que quedaban subordinadas a los resultados políticos de la Asamblea de Parlamentarios, mientras que la intensa actividad de los hombres de la CNT en la preparación material del movimiento ponía en grave riesgo los planes y los medios que se iban acumulando. El intento de Largo Caballero para apaciguar a la CNT fue inútil. En una reunión previa celebrada en los locales de la calle Mercaders, se había mantenido la postura de que en la reunión con los socialistas se fijase la fecha de la huelga general. Finalizada la reunión, y mientras Seguí esperaba al compañero que había de conducirle a Las Planas, inesperadamente, se dio aviso de que la policía se dirigía a los locales de la CNT. Cada uno salió como pudo del local, y Seguí, al saltar por un balcón a la calle, se dislocó una pierna, lo que dificultó su huida. Ayudado Por el compañero Arnó, de Mataró, fue atendido en casa de otros compañeros, no pudiendo acudir a Las Planas. Cuando, por la noche, se informó a Seguí de los resultados de la reunión, dijo: «Me parece que debíamos haber emplazado definitivamente a la UGT y desligarnos de compromisos si no se tiene la seguridad de un aceleramiento; nuestros hombres y nuestra organización están expuestos en cualquier momento, a ser copados». Esta actitud determinó un rápido viaje a Madrid para fijar la fecha y la contraseña que se publicaría en El Socialista y toda la prensa nacional, con la frase: «Cosas veredes, que dijo el Cid», con lo que quedaba fijado el compromiso y la fecha para la huelga de 1917.




[iii] La huelga de La Canadiense fue un exponente de la capacidad y recursos de los Sindicatos. La ordenación y desarrollo del paro, fue un alarde de eficacia y de solidaridad. La estrategia empleada desconcertaba a la burguesía y a los gobernantes. Un día los transportes, otro los servicios públicos, la implantación de la «censura obrera», en la que los tipógrafos se negaban a componer las noticias tendenciosas sobre la huelga, rompían la resistencia patronal. De ahí que indujesen a elementos provocadores para instigar a los obreros a actitudes desesperadas. Seguí se dio cuenta de este intento de llevar a los trabajadores a actos que fueran pretexto para una masacre sangrienta, y usó de su persuasión y de su influencia moral, para conducir el final de aquella huelga por cauces legales y directos que pusieron al descubierto los planes siniestros de aquella patronal inhumana.



[iv] Fue secretario general de la misma en algún período.











Crónica de la muerte anunciada de Salvador Seguí



  • Periférica recupera 'Escuela de rebeldía', en la que el autor narró la muerte de un anarcosindicalista a pocos metros de donde él mismo acabó siendo tiroteado








[caption id="" align="alignnone" width="501"]El anarcosindicalista Salvador Seguí (Propias) El anarcosindicalista Salvador Seguí (Propias)[/caption]




Albert Lladó 


El anarcosindicalista Salvador Seguí, conocido como El noi del sucre, no pudo ver publicada su novela (ahora recuperada por Periférica) Escuela de rebeldía . Veinte días antes de que llegara a las librerías, el 10 de marzo de 1923, pistoleros del Sindicato Libre, financiado por la patronal catalana y protegido por el gobernador civil, acaba con su vida de un disparo.


Seguí, entre otras cosas, fue uno de los impulsores de la Solidaridad Obrera y secretario de la CNT en Catalunya. Gran orador - los cronistas de la época así lo recuerdan - era un firme defensor de la educación de los obreros como modo de emancipación. La formación intelectual, tal y como sostenía su admirado Ferrer i Guàrdia en la Escuela Moderna, era el arma que el trabajador tenía para protegerse contra todo tipo de explotación.


Al asesinato de Seguí le precedió, tres años antes, el del abogado Francesc Layret, justamente cuando intentaba conseguir la libertad de éste y de Lluís Companys. Son, sin duda, tiempos turbulentos que acabaran con la instauración, el 13 de septiembre de 1923, de la dictadura de Primo de Rivera.


Escuela de rebeldía es una novela corta que narra la vida de Juan Antonio Pérez Maldonado, un emigrante andaluz que llega a Barcelona y comienza a frecuentar locales como La Bombilla, La Buena Sombra y el Pay-Pay. Será, sin embargo, en el café Español donde se impregnará del ambiente de la época y de los ideales de un hombre nuevo. El protagonista sostiene: “el presente es la consecuencia del pasado, y en él hay que engendrar el porvenir lanzando a la tierra buena semilla”.


El peso del sindicalismo, y la influencia del anarquismo, era evidente en aquella Barcelona. El texto de Seguí es interesantísimo, no sólo por su carácter profético, sino para comprender las relaciones entre los agentes que representan los diferentes intereses. Leemos, por ejemplo, cómo el “líder del partido catalanista, hombre ambicioso y positivista, quiso ver si era posible aprovechar aquella fuerza para el desarrollo de sus planes”. Pero el narrador nos saca de dudas enseguida: “si los trabajadores hacían una revolución no sería en un sentido nacionalista”. Y es que, siempre según la voz que hilvana el relato, todo lo que se hiciera para acabar con la organización proletaria “sería aprobado por los políticos catalanes, que contaban con el apoyo de la burguesía”.


La breve novela explica, pues, la evolución de Juan Antonio, su proceso de aprendizaje, su paso por la cárcel, las relaciones con su compañero Antonio Luna, o la compleja historia de amor con María Rosa, pasando por la organización de una huelga general hasta el trágico final a manos de los pistoleros. Es, por lo tanto, la descripción de un hombre maltratado que pasa a ser “hombre de acción”.


Es de igual importancia un fragmento en el que el protagonista redacta una suerte de manifiesto expresando su “convicción de que los trabajadores no conseguirían nada sin apelar a la violencia”. Salvador Seguí, crítico con cualquier forma de exceso en este sentido (se opuso en público a las acciones más exaltadas de otros miembros de la CNT), parece que quiere hacer aquí una denuncia, una radiografía, de la deriva que tomaron algunos anarquistas. Hacía poco más de diez años de las barbaridades perpetradas durante la Setmana Tràgica.


descargaPero más adelante, Juan Antonio Pérez Maldonado insiste: “es preciso educar bien a los hombres cuando empiezan a vivir: si nos apoderamos de las escuelas, nos apoderamos enseguida de la sociedad”. El personaje es descrito como “un romántico”, esa clase de hombres que “pasan con frecuencia del mayor decaimiento a una actividad frenética”. El obrero se ha convertido, en pocos años, en un brillante tertuliano, en un disertador que mezcla hábilmente excitación y lucidez. La vida, nos dirá, “es una lucha constante”. “Es preciso que la gente luche, porque el que no lucha no vive: el agua encharcada se corrompe”, argumenta Juan Antonio, que a estas alturas es visto como un auténtico referente.


El tiro mortal le alcanzará en la calle Riereta. Pero, como en una dramática serendipia, poco antes le avisa a su compañero: “si quieres verme, ya sabes que estoy en la calle de la Cadena o la de San Rafael”. Justo en la intersección entre ambas, en el Raval, es donde fue alcanzado Salvador Seguí. La novela estaba, ya, a punto de imprimirse.